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Cerrar la puerta no funciona: el mito del efecto llamada en la migración

Cerrar la puerta no funciona: el mito del efecto llamada en la migración

El mito del efecto llamada puede poner en riesgo la integración de los venezolanos. | Por: DANIEL REINA ROMERO




Por: Sara Prada @pradasaraca

julio 05 de 2019

Según cálculos del Proyecto Migración Venezuela, alrededor de 25.000 hijos de padres venezolanos están en riesgo de apatridia. Ante esa situación, distintos sectores de la sociedad civil piden que se respeten los derechos de los niños, y la Defensoría del Pueblo radicó un proyecto de ley para que se les dé la nacionalidad colombiana a estos menores. Sin embargo, mientras que unos piden medidas definitivas para prevenir la apatridia, otros sectores advierten que concederla puede desembocar en un aumento desmedido de la migración. 

Una reacción parecida surge al hablar de la integración laboral de los venezolanos. El único mecanismo exclusivo para facilitar la empleabilidad de los migrantes del vecino país es el Permiso Especial de Permanencia (PEP), válido por dos años. Ante la posibilidad de pasar del PEP a una visa u otra herramienta de largo plazo, también surge la idea de que ese tipo de alternativas provocarán la llegada de más migrantes y la situación estará fuera de control. 

Ideas como estas no son exclusivas de Colombia, sino que corresponden al denominado efecto llamada, un discurso que cada vez cobra más vigencia en los países que viven fenómenos migratorios. Según ese supuesto efecto, las medidas que buscan regularizar a los migrantes, que pasan por flexibilizar o facilitar su integración laboral, generan una llegada masiva y desordenada, principalmente en situación irregular. En pocas palabras, según este concepto, los Gobiernos no deben atenderlos porque, si lo hacen, llegarán más. 

 

Una de las principales preocupaciones ante la migración venezolana es la situación de los cerca de 25.000 hijos de venezolanos que están en riesgo de apatridia en el país. | © KAREN SALAMANCA / SEMANA


HERENCIA ESPAÑOLA 


En 2005, el Partido Popular (PP) de España impulsó el concepto de efecto llamada ante un decreto del entonces presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que abrió paso a la regularización de los migrantes subsaharianos. Para el PP, la medida causaría el aumento de la migración irregular, mientras que para el partido de gobierno, el PSOE, la decisión de Rodríguez Zapatero tendría un efecto positivo en la economía, al incentivar el empleo de los migrantes y su cotización al sistema de seguridad social. 

En 2017, la Unión Europea rechazó hablar de un efecto llamada. El Parlamento también recalcó que la llegada de migrantes es producto de condiciones expulsoras, como las situaciones provocadas por las dictaduras, la pobreza y la desigualdad, no por los incentivos que ofrecen los países de acogida.

 



En junio de 2018 pasado el efecto llamada volvió a ocupar titulares en la prensa española. En una de sus primeras actuaciones como jefe del ejecutivo español, Pedro Sánchez decidió acoger a 629 personas a bordo del barco Aquarius, luego de que Malta e Italia rechazaron hacerlo. Sánchez anunció esta medida y las críticas no se hicieron esperar. Los opositores a que España abra sus puertas a los migrantes argumentaron que recibir al Aquarius dejaría como resultado el desborde de este desplazamiento

En su libro Manual de resistencia, Pedro Sánchez respondió a algunas de las críticas. El dirigente español insistió en que su principal objetivo era dar un ejemplo para la región. “Podíamos haber mirado para otro lado, como ocurre con demasiada frecuencia respecto al tema de las migraciones (...) Pero decidimos que nuestra responsabilidad como europeos era tomar una decisión que supusiera un aldabonazo en todas las cancillerías europeas", escribió. 

 

UN MITO QUE COBRA FUERZA


La experiencia española muestra las principales consecuencias del efecto llamada. Esta idea desconoce las causas reales de las migraciones y condiciona la atención a la población que sale de su país -en clara situación de vulnerabilidad- no a principios humanitarios, sino a estrategias políticas para contener su llegada a los países receptores. Quienes defienden el efecto llamada promueven que los Gobiernos tomen medidas temporales y con escasa incidencia para la integración. 

En agosto de 2018, una encuesta realizada a propósito de la llegada del Aquarius reveló que para 56,4 por ciento de los españoles consultados la acogida del buque provocó un efecto llamada y atrajo a otros barcos con migrantes irregulares hacia España. 

Para Rodrigo Sandoval Ducoing, exdirector del departamento de extranjería del ministerio del interior de Chile, “el efecto llamada es la caricatura más común en materia migratoria”. El experto agrega que, aunque en España se sigue utilizando la llegada del Aquarius como la causa del arribo de migrantes, la explicación real es que las rutas en Europa han cambiado, como han cambiado también los países de origen y las redes de tráfico dedicadas a transportarlos. 


 

Uno de los principales retos del efecto llamada es que expone a los migrantes al empleo informal, en el que enfrentan riesgos de explotación y no cuentan con seguridad social. | © MIGUEL GALEZZO

EL CASO VENEZOLANO


Ante la situación que vive Colombia por la llegada de venezolanos, no hay una política del Gobierno que pueda considerarse como detonante de un efecto llamada, pues las medidas oficiales siguen en el plano de la atención humanitaria inmediata. “En este caso, la situación en Venezuela es crítica y genera la salida de las personas. No hay efecto llamada, sino un efecto expulsor”, agrega Sandoval. 

La encuesta del Proyecto Migración Venezuela encontró que para 7 de cada 10 venezolanos la escasez de alimentos en su país fue la principal razón de su salida. Para 6 de cada 10, la necesidad de buscar mayores recursos económicos para sostener a la familia los hizo tomar la decisión. Cuando se les preguntó por qué eligieron a Colombia como destino, 51 por ciento de los consultados respondió que era el lugar menos costoso para emigrar y 35 por ciento señaló la presencia de familiares o amigos aquí. Los vínculos familiares y la histórica relación entre los dos países son factores determinantes para la migración venezolana hacia Colombia, pero no están bajo el control del Gobierno colombiano. 

Aunque la respuesta a la migración venezolana quedó consignada en un documento Conpes, y la discusión de una ley migratoria está en la agenda del Congreso, aún queda un largo camino para recorrer si el objetivo del país es aprovechar los beneficios que puede tener este fenómeno. 
 



El verdadero reto del Gobierno está en las barreras que enfrentan tanto los colombianos como los migrantes para acceder a bienes y servicios básicos, más que en el miedo por un efecto llamada. El mercado laboral colombiano, caracterizado por altos niveles de informalidad, muestra un escenario en el que colombianos y venezolanos compiten por un trabajo. La informalidad de los migrantes alienta la competencia desleal por el empleo y aumenta las dificultades para acceder a salud, educación y otros servicios básicos. 

“El efecto llamado funcionaría si hubiese una condición ideal, si hubiese trabajo para todos los que entran, pero no ocurre eso” dijo a SEMANA Martha Lucía Márquez, directora del Instituto Pensar de la Javeriana. Para la académica más allá de un efecto llamada, “el migrante es un actor racional y busca las mejores condiciones. Colombia ejerce una atracción, pero no por la flexibilización de su política migratoria sino por la cercanía”. 


 






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