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Educar en la migración: la tarea para integrar a los niños venezolanos

Educar en la migración: la tarea para integrar a los niños venezolanos

Rectores y maestros han tenido que ajustarse para acoger a los niños venezolanos. | Por: ESTEBAN VEGA | SEMANA




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octubre 03 de 2019

Los lineamientos del ministerio buscan garantizar la cobertura educativa para la población migrante, lo que ha significado un reto por la necesidad de flexibilizar algunos procesos. Por ejemplo, el decreto 1288 de 2018 estableció que los estudiantes venezolanos podrán validar los grados que cursaron en Venezuela a través de evaluaciones o actividades académicas de nivelación. 

En la práctica, los rectores y maestros han tenido que ajustarse para facilitar esos procesos y orientar la integración de los niños, ya que muchas veces a los padres de familia les cuesta aceptar que sus hijos deben retroceder un curso porque lo que aprendieron en Venezuela no corresponde a lo que se enseña en Colombia. 

Ante un fenómeno nuevo para el país, los docentes también necesitan acompañamiento, pues de su labor depende, en gran medida, cumplir el objetivo de acoger a los estudiantes venezolanos sin desconocer su cultura, su historia y la enseñanza que recibieron en su país. 

 

A pesar de las diferencias entre los modelos educativos de los dos países, los estudiantes venezolanos han logrado integrarse al sistema colombiano. | © ESTEBAN VEGA / SEMANA



El programa del Gobierno Todos a Aprender es la estrategia del ministerio para fortalecer las competencias de los profesores y, ante la llegada de migrantes y el retorno de colombianos, también busca mejorar la convivencia en los colegios y prevenir la discriminación.

Desde abril se inició el acompañamiento a los comités de convivencia de Villa del Rosario, Cúcuta, Ocaña y Norte de Santander para revisar sus planes de convivencia escolar y orientar acciones de prevención de violencia en contra de niños, niñas y jóvenes venezolanos o colombianos retornados”, dijo la ministra de Educación, María Victoria Angulo. En ese sentido, el Gobierno también trabaja con la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) y otras organizaciones y agencias internacionales para prevenir la xenofobia en Norte de Santander, Arauca y Nariño. 





 

Acompañar a los maestros para acoger a los niños venezolanos


El aumento en el número de estudiantes como consecuencia de la migración ha hecho que en algunas instituciones los profesores pasen de dictar clases a 30 alumnos a hacerlo para 50. Por eso, mientras el Gobierno llega con sus estrategias a todos los colegios, muchos docentes se ven obligados a improvisar soluciones sobre la marcha para que el aumento de trabajo no comprometa la calidad de su labor. 

“No nos preparan para manejar estos niveles de estrés”, dijo la profesora Georgina Deluque, directora del Centro Etnoeducativo número 6 de Paraguachón, en La Guajira. En las cinco sedes de esta institución estudian aproximadamente 1.200 niños, de los cuales el 50 por ciento son venezolanos y colombianos retornados. Georgina recuerda que en 2011 apenas había un par de estudiantes wayuu en su salón, pero la cifra empezó a crecer rápidamente. En 2012 ya eran más de 20 niños que llegaban de rancherías cada vez más lejanas del colegio. “Los padres decían que que sus hijos no avanzaban en Venezuela, sus conocimientos eran escasos. Y como tenían doble nacionalidad, ellos querían que se educaran en Colombia”, recuerda. Para finales de 2013, esta profesora ya tenía 60 alumnos venezolanos. 

 


En 2014, los salones construidos para máximo 25 niños fueron insuficientes para albergar a más de 40 estudiantes. Entonces, los profesores de Paraguachón tuvieron que improvisar “trupi aulas”. Estos salones al aire libre recibieron su nombre del trupillo, un árbol nativo de la región, que les brindó techo. Así, sentados en piedras, troncos y en la tierra, los niños recibieron las clases. La situación cambió gracias a la intervención del Consejo Noruego, que construyó salones nuevos en el colegio. 

De los 219.000 estudiantes que hay en La Guajira, 12.876 son venezolanos. Los 77 establecimientos étnicos del departamento albergan a 5.579 estudiantes venezolanos. Además de infraestructura, en La Guajira hacen falta maestros. En las cuentas de la secretaría de educación, el departamento necesita 222 profesores adicionales para atender a los 12.876 estudiantes matriculados.  
 

El esfuerzo financiero por el costo de la atención a los estudiantes venezolanos vale la pena para que el país logre integrar a los migrantes. | © ESTEBAN VEGA / SEMANA




 

LA SOLIDARIDAD NO TIENE NACIONALIDAD



Ante la migración, también surgen iniciativas dentro de los colegios para fomentar la integración y facilitar la nivelación académica  de los venezolanos. En el colegio Pablo León Correa, en Cúcuta, los estudiantes de décimo y once completan horas del servicio social dictando asesorías a sus compañeros venezolanos. Para aprovechar la ayuda de los alumnos más grandes, el colegio intenta matricular a los migrantes en la jornada de la tarde, pues así los estudiantes pueden asistir a las tutorías en las mañanas. “Hemos buscado todas las alternativas, porque uno sí ve las diferencias académicas que tienen”, dijo Julio Delgado, rector de esta institución con más de 3.000 estudiantes en sus cuatro sedes, de los cuales 666 son venezolanos. 

Para Dubraska Díaz, una estudiante de quinto que llegó de Mérida hace dos años, los profesores colombianos son más exigentes: “en Colombia el estudio es más avanzado. En Venezuela uno ve como dos materias solamente. Solo a los de secundaria les dan más materias, como inglés. En sociales, he aprendido los departamentos, la historia de la independencia de Colombia y otras cosas que yo no sabía”. 

 






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