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La promesa del fútbol venezolano que cuida un jardín infantil en Cajicá

La promesa del fútbol venezolano que cuida un jardín infantil en Cajicá


Por: Sebastián Hoyos

Puede diluviar, caer granizo o amanecer con niebla densa pero no hay madrugada en la que José Antonio Prospert no haga dribles entre los charcos, practique regates y potentes remates de media distancia con su balón viejo y cumpla con una disciplinada rutina que le asegura que no va a bajar su nivel técnico. 

A las 7 a.m. termina y se va a trabajar como todero de un jardín infantil en Cajicá, al norte de Bogotá, y, en la noche, cuando finaliza la jornada, repite la dosis de entrenamiento por varias horas más. Así mantiene su sueño intacto, a sus 18 años, de llegar al fútbol profesional. Al fin y al cabo, con esa misma garra se ganó convocatoria para integrar la Selección Sub-17 de Venezuela.

A los 14 años Prospert se convirtió en un talentoso delantero que, luego, a sus 16 años, fue convocado a la Selección Sub-17 del Estado de Aragua, con la que representó a Venezuela en territorio colombiano, enfrentando a las divisiones inferiores de Atlético Nacional y América de Cali. 

 

Como tantos aspectos de la vida en Venezuela, el deporte ha sufrido la profunda crisis económica que vive el país. | © ANDRÉS ROSALES



Fue uno de los jugadores destacados de la gira y estaba en camino de comenzar su carrera profesional. Pero la crisis económica que sacude a su país lo fue cercando de una manera tan asfixiante que no tuvo más remedio que vender su único par de guayos y apoyarse en la ayuda de su familiar para poder cruzar de nuevo la frontera, rumbo a Colombia y, esta vez,  sin tiquete de regreso.  

Hoy vive en un pequeño cuarto en Cajicá. La vivienda la recibe como parte de su paga por cuidar y hacer mantenimiento de una guardería infantil. Pero pese a la situación, siempre está a la espera de poder cumplir su sueño: ser futbolista profesional.

 



«Me paro a eso de las 5 de la mañana. Primero, salgo a trotar alrededor del terreno que abarca el jardín, luego me pongo a jugar paredón, después a conducir y practicar dribles para no perder la técnica. Entro a trabajar a eso de las 7:30 a.m., ayudando en lo que pueda en mantenimiento general.

Colombia es una potencia del fútbol. Sentía que debía aprovechar las oportunidades que se me presentan acá. Sin embargo, sé que es difícil vivir con esa decisión, porque acá no tengo a nadie. Estoy completamente solo»
 


 



DEL ACOSO A LA GLORIA 

Jose Antonio nació y se crió en Maracay, ubicada a cien kilómetros de Caracas. Su vida giraba alrededor del estudio, el fútbol y la familia. Su mamá, Johelín Izquierdo, trabajaba como asistente de quirófano, mientras que su padre, Licino Prospert, se desempeñaba como médico cirujano. Cuando tenía 4 años, ellos se separaron, y el niño se fue a vivir con su madre y su padrastro, Richard Piamo. 

“Yo siempre busco la manera de apoyarlos desde acá a pesar de que ellos insisten en mandarme dinero. Pero siempre les digo que no necesito apoyo financiero, que prefiero que inviertan esa plata en comida, porque allá la cosa está complicada”, explicó Prospert.

Durante 4 años José Antonio se dedicó al fútbol para poder alcanzar el nivel que exigían los equipos en los que jugaba. Era un jugador inexperto al lado de una experimentada plantilla, en la que incluso militaban jóvenes que ya habían enfrentado a las filiales del Paris Saint Germain y del Atlético de Madrid.

 


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Durante ese tiempo, sufrió acoso por parte de algunos compañeros porque sus habilidades no alcanzaban a ser lo suficientemente buenas para alcanzar el alto nivel de la plantilla.

“Pensé muchas veces en dejar el fútbol. Incluso salí llorando numerosas veces de la cancha.  Lamentándome por los reproches de mis compañeros por oportunidades que había desperdiciado”.

 

Al venir a Colombia, José Antonio no solo empacó su equipaje. También trajo los recuerdos de sus años como futbolista destacado en las ligas juveniles del país petrolero. | © Archivo particular



José Antonio buscó el consejo de su mamá, Johelin Izquierdo. A ella la considera su apoyo incondicional a quien le debe  el haber desarrollado al máximo su talento. Incluso hoy recuerda la continua motivación de su Johelín: “nunca te quedes estancado en un solo lugar. Si quieres progresar y lograr tus sueños necesitas esforzarte y dedicarte todos los días a esa tarea”.

Pero justo cuando José Antonio se encontraba en su más alto nivel, la insostenible situación del país complicó tanto su vida como la de sus familiares y eso lo obligó a irse.

La hiperinflación y el colapso económico alcanzaron el club donde desarrolló todo su potencial, el club Gran Valencia.

 

"A la escuela no le daba el presupuesto para comprar los botellones de agua, reponer los balones de fútbol perdidos o adquirir los equipos necesarios para entrenar debido a la compleja situación económica que vivía la institución. Eso se veía en en nóminas incompletas y falta de equipo de hidratación. Inclusive, muchos compañeros tuvieron que dejar el fútbol, siendo extremadamente talentosos, porque no tenían ni para comer. Así que muchos cambiaron el balón y su prometedora carrera por un puesto de trabajo o un tiquete de avión".




Así, después de toda una vida en Maracay, Jose Antonio emprendió el largo viaje hacia territorio colombiano en busca de algo mejor, sin compañía alguna.

El primer recorrido fue desde Maracay hasta Caracas. Por carretera, gracias a un viejo amigo de la familia que lo ayudó a él y a su mamá a llegar a la capital, evitando así ser asaltado durante el camino. “Ya en Caracas me despedí de mi mamá quien siempre me acompañó. Salí en avión por la tarde y llegué a Bogotá a la media noche”, recordó Prospert.

En la memoria de José Antonio todavía estan presentes todas las personas que de alguna u otra manera lo han ayudado a perseguir su sueño. Por eso recuerda con cariño a su padrasto y hermano mayor quienes le recalcan lo importante de ser buena persona  dentro y fuera de las canchas y a Alberto Montilla, Miguel Silva y Jackson Mijares quienes deportivamente lo marcaron como jugador.

Quiere crecer como persona y ser el orgullo de su familia jugando al fútbol. “Lo que yo quiero es lograr algo grande, no quiero que mi tiempo pase sin haber logrado mis sueños”. A lo mejor la oportunidad llegue para demostrar todo su talento y lucidez con el balón. 
 






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