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¿Cómo está la salud sexual y reproductiva en tiempos de migración?



Por: Laura Cortés Russo
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El inicio de la vacunación contra la covid-19 es una noticia alentadora para quienes residen en Colombia, incluyendo a los migrantes a quienes se les debería garantizar este servicio. Sin embargo, la atención en salud a esta población tiene retos que deben ser solucionados.

 

En 2018, el gobierno colombiano instó a las autoridades locales a fortalecer sus capacidades en materia de Salud Sexual y Reproductiva (SSR) para atender las necesidades de los migrantes de Venezuela. Sin embargo, la respuesta institucional sigue siendo insuficiente y el acceso a dichos servicios aún presenta dificultades, en particular por la complejidad del sistema de salud, las deficiencias de información y la discriminación.

 

El acceso a SSR en Venezuela se encuentra en condiciones precarias. De acuerdo con el informe Mujeres al límite y Profamilia, la crisis socioeconómica en ese país se reflejó en la escasez de métodos anticonceptivos —que osciló entre 83,3% y el 91,7% en 2018—, la poca capacidad de atención a enfermedades vinculadas a SSR, y la limitada respuesta a la violencia de género.

 

Para la población migrante, el panorama es un poco más alentador ya que existe una oferta diversificada en salud. Sin embargo, esta no es suficiente pues aún perdura la dificultad para afiliarse al sistema y costear los tratamientos, algo especialmente difícil para los migrantes irregulares. A esto, hay que sumar el complejo acceso a recursos médicos a nivel local.

 

Otra de las barreras es el acceso a la información. Aunque entre 2018 y 2019 se presentó un aumento en el número de migrantes que accedieron a servicios de atención prenatal (80%), de anticoncepción (96%), de enfermedades transmisibles (15% y 249,5% para las relacionadas con sífilis gestacional) y de cáncer de mama (114%), persiste el desconocimiento sobre sus derechos, la oferta de servicios, la cobertura y cómo navegar el sistema de salud. Además, la discriminación limita y —en muchos casos— impide el acceso a servicios primarios.

 

Esto se traduce en un mayor riesgo de contagio e interrupción de los tratamientos de enfermedades transmisibles como VIH y hepatitis, así como en diagnósticos tardíos de cáncer de mama y próstata. De manera transversal, las niñas y mujeres migrantes enfrentan un riesgo más alto de ser víctimas de trabajo sexual forzado y de violencia física y psicológica. A esto se suman las dinámicas de desplazamiento que se recrudecen en medio de la pandemia aumentando la vulnerabilidad de las personas migrantes.

 

Es fundamental hacer un trabajo que incluya la movilización de recursos y la redefinición de estrategias de atención para facilitar el acceso al sistema de salud, mejorar la información que recibe la población y fomentar el uso de los servicios médicos. Todo ello acompañado de modelos de atención primaria basados en la no discriminación.

 

Como lo ha demostrado la covid-19, garantizar la salud de las personas que habitan en Colombia es beneficio para todos.

 


*Laura Nathalia Cortés Russo es asistente de investigación del área de Empresas y Construcción de paz de la Fundación Ideas para la Paz.


 

 


Las opiniones de los columnistas en este espacio son responsabilidad estricta de sus autores y no representan necesariamente la posición editorial de PROYECTO MIGRACIÓN VENEZUELA.


 






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