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ACNUR y los venecos



Por: Ligia Bolívar
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Este sábado 20 de junio, mientras el mundo conmemoraba el Día del Refugiado, a los venezolanos nos tocó conmemorar el Día-De-Lo-Que-No-Somos.

El informe de Acnur sobre Tendencias Globales del Desplazamiento Forzado en 2019, publicado el pasado 18 de junio, hace referencia, como todos los años, a la situación de refugiados, solicitantes de refugio, desplazados, personas en situación similar a la de refugiados, personas de interés, personas bajo el mandato de apatridia y retornados. Pero este año incorpora una categoría nueva: venezolanos desplazados en el extranjero.

 

Es decir, ahora los venezolanos no somos refugiados, solicitantes de refugio, desplazados, personas de interés, apátridas ni retornados. No somos ni siquiera algo parecido a “personas en situación similar a la de refugiados”. Somos una nueva fauna denominada venezolanos desplazados en el extranjero.

 

En el capítulo 7, el informe presenta una aclaratoria de esas que no aclaran y oscurecen. La nota dice que esta categoría “engloba a las personas de origen venezolano que probablemente necesiten protección internacional según los criterios contenidos en la Declaración de Cartagena, pero que no solicitan asilo en el país en el que se encuentran. Independientemente de su condición, los venezolanos desplazados en el extranjero necesitan protección contra los retornos forzosos y acceso a los servicios básicos” (énfasis añadido).

 

¿Probablemente? La nota de orientación de ACNUR de marzo de 2018 exhortaba a los Estados receptores a aplicar la Declaración de Cartagena a la población proveniente de Venezuela, por considerar que encajamos en la definición ampliada de refugiado contemplada en dicha Declaración, esto es, por tener que huir debido a una situación de “violencia generalizada, la agresión extranjera, los conflictos internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público”. Este criterio es ratificado en una segunda nota de orientación de mayo de 2019. ¿Qué cambió en la burocracia de Ginebra para desandar lo avanzado en las dos notas de orientación?

 

El reciente informe de ACNUR señala además que esa categoría de venezolanos desplazados en el extranjero se refiere a quienes no solicitan asilo. ¿Desde cuándo lo que me hace titular de la protección es la solicitud? Hace muchos años aprendí de la gente buena de ACNUR – que la hay – que lo que define a una persona como refugiada no es el trámite, ni el papel que le da un gobierno, sino las circunstancias que la motivaron a salir. Por eso hay dos notas de orientación con referencia a las circunstancias recogidas en la Declaración de Cartagena. Si la salida no es voluntaria, sino que obedece a un temor fundado de amenaza contra su vida, integridad o libertad, esa persona es un refugiado, aunque no haya hecho el trámite ni se le haya concedido oficialmente la condición.

 

Yo reto a ACNUR a que nos diga que todos y cada uno de los sirios, somalíes, yemenitas, afganos y rohingyas que aparecen en su lista y en sus mapas como refugiados, han solicitado la condición o tienen un papel que los acredita oficialmente como tales. No es así.

 


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Como tampoco era el caso con los colombianos que llegaron a Venezuela y que atendió mi oficina durante 15 años. Muchos de los que se quedaban en pueblos cerca de la frontera tenían miedo de pedir refugio, por temor a ser visibilizados y convertirse en blanco de esa guerrilla o de esos paramilitares de los que venían huyendo. Pero eso no les restaba su condición de personas con necesidad de protección internacional que calificaban como refugiados. Es más, el presidente Hugo Chávez intentó llamarlos “desplazados en tránsito” para evadir responsabilidades de protección y mi oficina rechazó enérgicamente ese invento.

 

Y aquí se plantea otra pregunta: ¿por qué el venezolano no solicita refugio? ACNUR conoce la respuesta, pero parece ignorarla ahora. Los procedimientos para solicitar refugio en la mayoría de los países de la región son disuasivos. Si a usted le dan un papel cuando solicita refugio que dice que no puede trabajar mientras dure el trámite, y resulta que el trámite dura dos o tres años, ¿va a pedir refugio? Usted pide PEP, tarjeta provisional, lo que sea, menos refugio.

 

Termina el intento de explicación de ACNUR diciendo que esa fauna nueva necesita protección contra los retornos forzosos y acceso a los servicios básicos. Bien, nos protege el principio de no devolución. ¿Eso es todo? Acceso a servicios básicos los debe tener cualquier persona, independientemente de su condición migratoria. No nos están reconociendo nada especial.

 

Como entonces solo somos un montón de gente dando tumbos a lo largo del continente, por eso nos piden visas, aunque les pongan apellidos bonitos, como responsabilidad democrática o humanitaria. Pero visa es visa y es una barrera para quien viene huyendo. ¿Acaso a los Rohingya les piden visa para Bangladesh? A los venezolanos, por no considerarnos refugiados sino simples migrantes, nos exigen apostillar documentos, tener pasaporte, certificar calificaciones, presentar constancia de antecedentes penales ¿A qué afgano, sirio o yemenita le piden eso?

 

Además, hay una inconsistencia en la presentación de cifras. El informe dice que éramos 4,5 millones de venezolanos desplazados para fines de 2019, y de esos hay 93.300 refugiados, 794.500 solicitantes de asilo y 3,6 millones de venezolanos desplazados en el extranjero. Es una presentación confusa que totaliza o desglosa cantidades de un capítulo a otro del informe. Si estas cifras nos confunden a nosotros, la posibilidad de confusión para los países receptores puede ser mayor, porque no hay un mensaje claro sobre nuestra condición y necesidades.

 

Entonces, hay una categoría que nos agrupa: venezolanos desplazados en el extranjero. Pero dentro de esa categoría de todas maneras hay refugiados y solicitantes de asilo. Al final, lo que realmente se visibiliza es el hecho de que hay un gentío que no ha pedido refugio. ¿Qué se busca con eso? Habría sido lindo que ACNUR y OIM hubieran hecho ese desglose y tratado de explicar ese novedoso concepto en vísperas de la Conferencia de Donantes…

 

Para visibilizarnos no tenían que cambiarnos el nombre. Ya éramos visibles, lo que necesitamos es protección. Bastaba con que dijeran que los Estados deben brindarle a la población venezolana protección internacional, como se la brindan a cualquier otra persona que huye de su país para salvaguardar su vida, integridad o libertad.

 

Esta separación no se ha hecho nunca, ni con ningún otro grupo de personas, ni en ningún otro país. Se trata de una categorización innecesaria, que se presta a la ambigüedad y a la evasión de responsabilidades por parte de los Estados receptores. A este paso, el año que viene seremos venecos y listo.

 


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