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“No se necesita un pasaporte para tener derechos humanos”

“No se necesita un pasaporte para tener derechos humanos”

Carolina Jiménez Sandoval nació en la ciudad de Acarigua, estado Portuguesa, en los llanos venezolanos. | Por: CORTESÍA CAROLINA JIMÉNEZ SANDOVAL




Por: Milagros Palomares @milapalomares

junio 26 de 2021

 

Desde este primero de agosto, los migrantes venezolanos tendrán una aliada en la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (Wola). La venezolana Carolina Jiménez  asume la presidencia de ese organismo.

 

Los derechos humanos son para la venezolana Carolina Jiménez Sandoval la bitácora de su vida. Tras una carrera profesional en la que ocupó cargos como la subdirección de Amnistía Internacional o la dirección del Servicio Jesuita a Refugiados en la frontera entre Colombia y Venezuela, esta mujer sucederá en su cargo a Geoff Thale, actual presidente de Wola, organización de investigación e incidencia en derechos humanos de los Estados Unidos.  

 

El nombramiento se convierte en una esperanza para los migrantes venezolanos en el mundo debido, sobre todo, a la experiencia de Jiménez en temas migratorios: trabajó para Open Society Foundations como oficial de programa enfocada en migración para América Latina y la iniciativa de Migración Internacional, con sede en Washington.

 

Proyecto Migración Venezuela: ¿Quién es Carolina Jiménez?

Carolina Jiménez: Una defensora de derechos humanos. Esa es la definición de mi vocación. Para mí es un honor asumir como presidenta de Wola, una organización que está a punto de cumplir 50 años y que tiene mucha solidez. La administración del Gobierno de Donald Trump lesionó mucho los derechos humanos de las personas migrantes, la mayoría de América Latina. La llegada de una nueva administración en la Casa Blanca abre la posibilidad de una mayor apertura en la sociedad civil.  Cuando uno habla con las ONG venezolanas, colombianas, salvadoreñas, mexicanas, me doy cuenta de que hay muchos líderes y lideresas con gran capacidad de lucha y estrategias para enfrentar los retos de la región. Me preocupan los desafíos pero me energiza la existencia de una sociedad civil latinoamericana vibrante que está intentando poner un alto a los retrocesos en materia de derechos humanos. 

 

PMV: ¿Como activista cuál es su plan para hacer más incidencia y visibilizar la crisis migratoria venezolana?

CJ: A veces perdemos de vista aspectos de la crisis venezolana que son muy relevantes y sobre los cuales hay que seguir insistiendo. En primer lugar hay que recalcar que estos venezolanos son sujetos de protección internacional, no son personas que dejan su país de origen porque quisieron. Realmente estamos frente a una crisis de migración forzada. Muchas veces he sostenido que es una crisis de refugiados, y una de sus grandes características es que es una crisis de inmensa magnitud. Son 5,6 millones de venezolanos que han huido en un periodo muy corto, eso la hace inédita en América Latina y en el mundo. Venezuela era un lugar de recepción de migrantes, y en pocos años se convirtió en un expulsor de sus ciudadanos, esto se tiene que seguir visibilizando desde la proyección internacional. 

 

PMV: ¿Cuál es el mensaje entonces para el mundo?

CJ: La cooperación internacional en el caso venezolano ha sido muy tímida. Cuando uno compara los fondos destinados a la crisis de Siria, se nota que hay una brecha importante. La comunidad internacional tiene que apoyar a los países receptores, porque los venezolanos están llegando a países que tienen altos índices de pobreza, conflictos internos difíciles a nivel político y social, y además están recibiendo a personas con altos grados de vulnerabilidad. Es fundamental tener un análisis interseccional de la migración. Casi la mitad son mujeres, también hay población LGTBI en los flujos migratorios, muchos niños y adolescentes migrando no acompañados, hay muchos problemas de trata de personas en la región. Tenemos que tener miradas diferenciadas con el fenómeno migratorio. El cierre de las fronteras, la militarización y la devolución no afecta de la misma manera a un hombre o a una mujer refugiada, o a una persona con discapacidad. Esas miradas diversas hay que tenerlas a la hora de implementar protocolos de atención. 

 


«Tenemos que tener miradas diferenciadas con el fenómeno migratorio. El cierre de las fronteras, la militarización y la devolución no afecta de la misma manera a un hombre o a una mujer refugiada, o a una persona con discapacidad».

Carolina Jiménez Sandoval, presidenta de Wola


 

 

PMV: Mientras Colombia implementa un plan masivo de regularización, Chile hace expulsiones masivas y Perú amenaza con deportaciones. ¿Qué lectura hace de este panorama?

CJ: Eso es una muestra del ambiente tóxico y del rechazo que se vive en muchos países a nivel institucional frente a la migración. Es una muestra de la manera como se manipula la migración para fines electorales y de ganancia política y esto hay que rechazarlo con todas las letras. Tenemos muchas instancias de xenofobia por parte de las comunidades que reciben migrantes, pero cuando la discriminación se instala a nivel institucional y se utiliza el megafono del poder es muy preocupante porque los líderes políticos son formadores de opinión.

 

PMV: ¿Cómo hacer para disminuir los niveles de estigmatización?

CJ: Hay mucho trabajo por hacer. Es importante mostrar los beneficios de la migración, microempresarios que logran mejorar la economía de los países que los acogieron, que pagan impuestos, que emplean a otras personas. Hay que promover la narrativa de los beneficios positivos de la migración, hacerle ver a los migrantes que son sujetos de derechos, preocupa el miedo que ellos tienen a la autoridad. 

Cuando son víctimas de delitos, de trata o de explotación  laboral no recurren a la denuncia porque sienten que no tienen derechos, tienen la idea internalizada de que son irregulares, e incluso dicen que son “ilegales”, una frase muy desafortunada. Hay que hacerles entender a los migrantes que no se necesita de un pasaporte para tener derechos humanos. 

 

PMV: Respecto de su trabajo en el Servicio Jesuita de Refugiados… ¿cuáles son los derechos más vulnerados en medio de la diáspora venezolana? 

CJ: Puede que el virus (la covid-19) nos afecte a todos, pero no por igual. Hay una gran diferencia entre cómo un grupo en situación de marginalidad y otros con mayores accesos viven la pandemia. Una persona que tiene que salir huyendo de su país porque su vida corre peligro y se encuentra con una frontera cerrada, en donde no hay ningún tipo de mecanismo para solicitar asilo, tiene mucho más riesgo. 

En la frontera colombo venezolana me impresionó mucho las historias de familias colombianas que huían de la violencia y llegaban a Venezuela. Tenían una resiliencia increíble para recuperarse de esos traumas tan terribles. 

 

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Sandoval estuvo durante más de seis años como directora de investigaciones de Amnistía Internacional. Su experiencia en el tema migratorio la llevó a a frontera colombo venezolana con el Servicio Jesuita de Refugiados. Fotos: Cortesía Carolina Sandoval

 

PMV: ¿Cuál es el diagnóstico que se tiene de la migración venezolana en Washington?

CJ: La crisis de migración forzada de Venezuela es de una magnitud increíblemente grande, porque es un reflejo de lo que sucede adentro. No es gratuito que un país que no vive un conflicto armado, que no vive una guerra, expulse a sus ciudadanos. Eso es un reflejo de la crisis de derechos humanos que vive Venezuela, si no, jamás se hubiese dado un desplazamiento de ese tipo. 

 

Entonces, a mí me parece que Venezuela es un país que tiene como una tormenta perfecta. Por un lado, tiene una emergencia humanitaria compleja, en donde se violan los derechos económicos, sociales y culturales. Este es un país que antes podía proveer ayuda humanitaria a otros países, y lamentablemente hoy en día necesita que el Programa Mundial de Alimentos entre para alimentar a niños en edad escolar. Que uno de cada tres venezolanos  no tenga acceso a los alimentos es un dato muy alarmante. 

 

A eso le agregas una gran violación sistemática de derechos civiles y políticos, el derecho a la libertad de expresión, el derecho a la participación política, el derecho a la información, etc. Y sabemos, porque eso está muy documentado, que hay una política de represión, que se limitan los derechos de las personas que protestan, de los estudiantes. Al punto de que la fiscalía de la Corte Penal Internacional está a punto de decidir si investiga o no la situación de Venezuela. Si se decide que abre una investigación por crimen de lesa humanidad entraríamos en un momento histórico, porque sería la primera vez que la corte penal internacional pasa a la fase de investigación sobre la situación de un país latinoamericano. 

 

PMV: Son reiteradas las denuncias de violación de derechos en Venezuela. ¿Qué hacer desde WOLA para que el mundo le preste más atención a esto?

CJ: Es muy importante que desde Washington o desde cualquier otra capital, en donde se toman decisiones importantes que afectan a América Latina, haya planes muy claros y declaraciones muy claras y determinantes de que la sociedad civil debe estar protegida. Y que es inaceptable que se realicen detenciones arbitrarias, o se restrinja la libertad de expresión de los y las periodistas. Y ahí creo que será un punto de incidencia muy importante frente a cualquier administración. Pero bueno, en este momento es la de Joe Biden. Creo que por último te diría que cualquier proceso que Estados Unidos apoye a nivel político en Venezuela tiene que tener los derechos humanos en el centro. Y eso es una máxima universal. 

 






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