Un proyecto de:


Aly, el joven venezolano que se convirtió en personero de un colegio en Bogotá

Aly, el joven venezolano que se convirtió en personero de un colegio en Bogotá

Aly compitió por el cargo de personero con otra estudiante. Finalmente, luego de presentar sus propuestas por un par de semanas, lo eligieron representante estudiantil. | Por: GUILLERMO TORRES




Por: Proyecto Migración Venezuela @MigraVenezuela

junio 12 de 2019

 Luego de recorrer todos los salones del Instituto San Martín de Porres en Bogotá y de vencer su timidez para presentar sus propuestas, Aly David Negretti ganó las elecciones a representante estudiantil con el 72 por ciento de los votos a favor. Esta victoria es el resultado de todos los esfuerzos y capacidades que Aly desarrolló a su corta edad y que le sirvieron para comenzar de nuevo su vida en un país que al principio sintió ajeno.

Mientras aprendía con los scouts de Venezuela a atar nudos, sobre primeros auxilios, defensa personal y a acampar, Aly Negretti, sin saberlo, se preparaba para sobrevivir al éxodo. Como él, casi cuatro millones de venezolanos salieron de su país en los últimos años y llegaron a otros lugares a empezar de cero.

El cambio de vida de Aly inició cuando su padre, Antonio Negretti, decidió salir de Maracaibo (Venezuela) el año pasado porque no encontraba dos medicamentos que necesita para controlar su afección del corazón. Este hecho sumado a la crítica situación política, económica y social que vive el vecino país obligó al resto de la familia a emigrar tiempo después. En octubre del año pasado, luego de muchos ires y venires, la familia Negretti por fin se reencontró en Colombia y eligieron a Bogotá como el lugar indicado para rehacer su vida.

Con tan solo 16 años, Aly tuvo que adaptarse a una ciudad inmensa que no conocía, a un clima mucho más frío que el de su natal Maracaibo y a la incertidumbre económica en la que estaban sus papás. En ese momento, recordó las enseñanzas de los scouts venezolanos, que le ayudaron en este proceso de adaptación.
 

 

Aly hace parte de los 74 mil niños, niñas y adolescentes venezolanos que están matriculados en colegios públicos y privados en Colombia. ©| Guillermo Torres



Los desafíos

 

Una vez llegados a la capital del país, la prioridad de Yusmeira Ríos, madre de Aly, era matricular a su hijo en una escuela para que continuara sus estudios. Pero temían que la condición migratoria de Aly impidiera que algún colegio lo aceptara. Además, no sabían cómo cubrir algunos gastos como el transporte.

Yusmeira y Aly no se rindieron en su búsqueda y pronto se enteraron de que el Ministerio de Educación le exige a los colegios distritales que acepten de manera gratuita a los niños sin importar su estatus migratorio, con la condición de que los padres se comprometan a regular su estadía lo más pronto posible.

Pero algunas instituciones educativas no obedecen esa disposición del ministerio. De hecho, según la encuesta del Proyecto Migración Venezuela, el 30,7 por ciento de las personas que tienen hijos y no los han matriculado en algún colegio, aseguran que las escuelas no los aceptaron por falta de papeles.

Yusmeira vivió esta situación en carne propia cuando en un primer intento le negaron a Aly la entrada a un colegio. Sin embargo, los Negretti continuaron tocando las puertas de diferentes escuelas hasta que llegaron al San Martín de Porres, ubicado en el barrio El Paraíso en Chapinero.

 

 


«Por fin había encontrado una escuela, pero ahora debíamos buscar la forma de solucionar lo del transporte pues es muy retirado de mi casa. Aun así mi mamá emocionada me matriculó y me puso a estudiar de inmediato»  

     Aly             



        
 

En primaria, en el colegio San Martín de Porres, la mitad de los estudiantes son venezolanos. ©| Guillermo Torres



Finalmente, luego de completar el examen diagnóstico que las instituciones le practican a los migrantes para evaluar sus conocimientos, Aly entró en enero al grado 11, el mismo que cursaba en Venezuela.


El primer día


Cuando Aly supo que ingresaría a un nuevo colegio sintió muchos nervios. Una de sus preocupaciones más grandes era que lo rechazaran por su acento, pues imaginaba que sería el único venezolano. Pero se llevó una gran sorpresa al encontrar decenas de compañeros que hablaban como él, eran migrantes y compartían historias de vida similares.

En el colegio San Martín de Porres la llegada de jóvenes migrantes ha ido en aumento. En 2018 había 40 alumnos de Venezuela y este año hay 125, de 475 estudiantes que hay en total en esa institución. Es decir, el 26 por ciento son venezolanos.

Aly sintió mayor confianza al ver muchos de sus compatriotas y rápidamente hizo amigos tanto venezolanos como colombianos. Luego de unos cuantos días ya estaba cómodo en su nuevo colegio.

El rector del colegio, Eduardo Bernal, asegura que la convivencia entre los alumnos es buena, los conflictos entre estudiantes colombianos y venezolanos no tienen raíz en la discriminación y hasta ahora no conoce ningún caso de xenofobia.

 


 

La convivencia en el colegio es tranquila y las peleas que surgen entre los estudiantes tienen que ver con un manejo inadecuado de los conflictos y no se relacionan con xenofobia, asegura el rector Eduardo Bernal. ©| Guillermo Toro

 



«A  los chicos venezolanos hay que nivelarlos en conceptos y algunos conocimientos teóricos. Sin embargo, son estudiantes muy reflexivos, analiticos y líderes innatos»

                                                                                                         Eduardo Bernal

Rector del colegio San Martín de Porres


 

Lo que hizo sentir a Aly fuera de lugar, las primeras semanas, no fueron sus compañeros, sino la falta de uniforme. En el colegio San Martín de Porres el de Educación física cuesta 90.000 pesos y el de diario 70.000. Sus padres no tenían cómo comprarlos y él en un comienzo tuvo que asistir de particular.

Luego de meditarlo algunos días, Aly decidió vender su consola de juegos que trajo desde Venezuela para comprar los uniformes. Lo motivó la idea de quitarle un peso de encima a su papá que todavía están en busca un ingreso fijo, y a su mamá, que trabaja en un restaurante. Aly tiene la certeza de que su futuro importa más que la diversión pasajera.


Un nuevo líder

En febrero se abrieron las inscripciones para el cargo de personero del colegio. Al ver que a muchos de sus compañeros este puesto les generaba pereza y que solo una persona tenía intenciones de quedarse con la personería, Aly tomó valor y también se postuló.

 


«Soy tímido, pero en los scouts aprendí que me gusta lo imposible y puedo lograr cualquier cosa, entonces alcé la mano y le dije al profesor que quería representar a mis compañeros»

Aly



 

De acuerdo con el rector Bernal, para postularse al cargo de personero el estudiante tiene que estar en 11 grado y debe ser un líder positivo y responsable, pues trabaja con la rectoría todo el año escolar.  © | Guillermo Toro


Aly presentó tres propuestas en todos los salones. Primero, planteó que el dinero recaudado por la tienda del colegio lo destinaran para organizar la fiesta de despedida de los alumnos de once. También propuso que mantuvieran abierta la biblioteca, para que todos los niños entraran en cualquier momento del día. Y finalmente pidió que los estudiantes practicaran educación física en otra sede del colegio, una que es más grande.

Poco a poco y salón tras salón Aly superó su timidez y en cambio floreció su liderazgo. Sus discursos conmovieron a sus compañeros y el día de las elecciones el 72 por ciento de los alumnos votó por él.

Ahora, Aly representa a 475 estudiantes ante la rectoría, en intercolegiados y en reuniones sobre el Programa de Alimentación Escolar (PAE), entre otros eventos. El cargo de personero para él representa una gran responsabilidad, es una oportunidad de estar en contacto con todos los estudiantes y de vencer cada día, como le enseñaron los scouts, los nuevos retos que llegan a su vida.

 

 






¡Comparte!





Autorizo el tratamiento de mis datos conforme a la política de tratamiento de datos de SEMANA.