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La benévola historia tras las quemaduras de una 'top model'

La benévola historia tras las quemaduras de una 'top model'

Quemarse terminó cambiando internamente a María Luisa Flores. La hizo desear con mucha fuerza la idea de querer ayudar a otras personas.  | Por: CORTESÍA MARÍA LUISA FLORES




Por: Milagros Palomares @milapalomares

septiembre 24 de 2020

Las pasarelas de Tokio, Milán, Barcelona, París, Munich y Londres  la conquistaron cuando cumplió la mayoría de edad, pero fue en la sabana de Bogotá donde la venezolana María Luisa Flores echó sus raíces y literalmente reconstruyó su vida.

 

A Colombia comenzó a venir en 1999 a cumplir apretadas agendas como modelo y actriz. Siempre le gustó el clima de la capital, su diversidad cultural, por eso aquí se estrenó como emprendedora gastronómica en 2017.  María Luisa tiene porte de reina de belleza,  sus cejas pobladas resaltan cuando habla, su rostro es de facciones finas. Esa fue la carta de presentación que por muchos la ayudó, aunado a su talento, a conseguir contratos en cadenas de televisión internacional, además de ser la imagen de reconocidos diseñadores como Yves Saint Laurent. 

 

La vida le cambió a Malú en un abrir y cerrar de ojos en el año 2010, cuando en una de sus visitas familiares en Caracas, un contenedor de gas explotó en  la vivienda causándole quemaduras de segundo y tercer grado en su cuello, pecho y brazos. En ese momento se dedicaba a la actuación, no trabajaba como modelo.  Junto a su mamá y a una tía tardaron más de una hora en llegar a una clínica para que las atendieran, allí comenzó a padecer el suplicio de una Venezuela afectada por la escasez de insumos médicos. Permaneció dos meses hospitalizada, sus quemaduras demoraron en sanar por la complicación de una infección en la sangre. 

 

La venezolana, descendiente de españoles, pasó por muchas consultas con cirujanos plásticos, tratamientos y aplicación de cremas. Nada le desaparecía los vestigios de las quemaduras en su cuerpo.  Hasta que de vuelta a Bogotá se encontró con la doctora Jennifer Gaona, quien le devolvió la esperanza de volver a trabajar como actriz y le hizo menos visibles sus cicatrices en su cuello, pecho y brazo derecho con una técnica “colombianizada” de cultivos de piel en laboratorio.

 

Gaona es Cirujana Plástica, Estética y Reconstructiva. Su experiencia con pacientes en la Unidad de Quemados del Hospital Simón Bolívar la llevó junto con los cirujanos plásticos Juan Carlos Zambrano y Rodrigo Soto a crear  Keraderm, un laboratorio donde estandarizaron y patentaron el método de cultivos  de piel que provee cobertura cutánea a los pacientes con heridas de cualquier  tipo de quemaduras. 
 

Esta innovadora técnica es muy diferente a los injertos de piel que se hacen en todo mundo desde el año 1975. Los tres cirujanos colombianos bajaron los costos de los cultivos celulares y lograron que fuera completamente autólogo (de la misma persona). No se usan proteínas de animales ni pieles de donantes humanos. Según explica la doctora Gaona, se le saca sangre al paciente y se toma una muestra de piel detrás de una oreja para llevarlo a un laboratorio durante ocho días, donde  fabrican cuatro láminas de piel de 10 centímetros por 10 centímetros.

 

"Las láminas de piel se le implantan al paciente donde tiene la herida abierta. El procedimientos es ambulatorio, con eso se logran cubrir quemaduras sin tener que hacer cirugías y sin someterlo a un dolor adicional con los injertos de piel, sacarle un pedazo de piel de un lado para colocarlo en otro. La reintegración es de un 80% y los resultados son fabulosos", detalla la cirujana que observó con preocupación las dificultades que pasaban los pacientes tras salir de una unidad de quemados.

 

La doctora Gaona encontró en María Luisa el mismo deseo de ayudar.  Se hicieron muy amigas, y luego llegó la psicóloga Adriana Liévano, que sufrió quemaduras en todo el torso, cuello, cara y brazos a los 14 años. Ella ayudó a comprender a  Malú todo el proceso de aceptación emocional de sus cicatrices. Así fue como estas tres mujeres crearon la Fundación Inti, en Bogotá, que desde hace seis años ayuda a suplir necesidades en el tratamiento de recuperación de las personas sobrevivientes de quemaduras.

 

En alianza con el  Shriners Hospitals for Children, la Fundación Inti ha enviado a 13 niños colombianos a recibir tratamiento integral y gratuito en Estados Unidos.  En Bogotá les brindan atención integral que incluye acompañamiento psicológico, apoyo con tratamientos y cirugías con el fin de que los pacientes puedan reintegrarse a la sociedad y a sus trabajos. 

 

La meta que se plantearon es crear una Unidad de Quemados  para atender a la mayor cantidad de pacientes, ya que cada año en Colombia unas 40 mil personas sufren quemaduras por accidentes con fuego, líquidos hirvientes, electricidad o sustancias químicas.  Por esa razón, en el 2018 hicieron una alianza con la Fundación Proyecto Unión y el Parque Jaime Duque para construir las instalaciones en este lugar,  apenas logren recaudar los recursos.   

 

El equipo de la Fundación Inti está trabajando en el marco financiero para consolidar la Unidad de Quemados. No han parado de realizar eventos de recaudación fondos: eventos, cenas y subastas. Buscan patrocinantes en Colombia y a nivel internacional. La idea es que la Fundación Inti se vuelva autosostenible.

 

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 La cirujana plástica Jennifer Gaona es la directora científica de la Fundación Inti. La psicológa Adriana Liévano y María Luisa Flores son dos sobrevivientes de quemaduras. 

 

Renacimiento

La vida le ha enseñado a María Luisa Flores que los planes a veces se caen como un castillo de naipes. Cuando se deja llevar por la intuición las cosas le fluyen y la llevan por caminos de aprendizaje. Quemarse en ese accidente en Caracas terminó cambiándola internamente, la hizo desear con mucha fuerza la idea de querer ayudar a otras personas. 

 

Las cicatrices que lleva en su cuello y brazo son para María Luisa Flores un recordatorio constante de que debe agradecer por todo lo que tiene, que la salud es lo más valioso. La ayudaron a ser más compasiva, a ponerse en los zapatos y en la piel del otro.  Al principio lloró mucho porque no era capaz de aceptarse. Se veía en el espejo y no reconocía su cuerpo, con el tiempo aprendió a honrar esas cicatrices como las maestras de su vida: sabe que la  hacen única y que son bellas de una extraña manera. 

 

Con esas huellas, su vida se  llenó de cambios. Ahora tiene la satisfacción de ayudar a los pacientes con quemaduras con el apoyo de dos amigas extraordinarias: Jennifer y Adriana, y otros seres maravillosos que se han cruzado en el camino de la Fundación Inti. 

 

"Si alguna vez pensaste que esas situaciones o heridas que te hicieron sentir tanto dolor o confusión debían ser borradas, debes saber que son esas mismas experiencias y marcas son las que hacen que hoy seas única e irremplazable. Y hablar de ellas solo liberará a aquellas personas que a través de tu voz necesitan sanar... Gracias a todas mis cicatrices y a las personas que me han permitido sanarlas y amarlas", reflexiona la también amante de la comida mediterránea, que ya abrió en Bogotá el segundo restaurante Malú con una nómina de casi 40 empleados.

 

Cuando vivió en Italia y Francia, María Luisa ahorraba para darse el gusto de probar platos en restaurantes con estrellas Michelín. Aprendió a cocinar y a amar este oficio a través de su madre, a quien considera la mejor cocinera del mundo.  Trabajar como chef en su propio restaurante le quitó todos los traumas que tenía con el fuego.

 

Malú es una trotamundos. De Caracas saltó a vivir a Japón,  París, México y Alemania. Habla inglés, italiano y entiende el portugués. Hace 20 años, cuando los venezolanos no pensaban en migrar por la crisis, ella era feliz surcando continentes. A Colombia vino muchas veces y cuando pensó que no volvería, de nuevo este país la atrajo con oportunidades laborales.

 

"Aquí  hice los mejores amigos, comencé  cosas muy importantes,  la @fundacioninti y @malurestaurante, dos proyectos que hoy me permiten regresar a Colombia mucho de lo que he recibido en estas tierras", afirma  la actriz, recordada por su personaje "Paola", en la telenovela Dueños del Paraíso, de la cadena Telemundo. 

 

A pesar de que tuvo la fortuna de radicarse en Bogotá, cuando no había iniciado la crisis migratoria, ella se considera igual una migrante venezolana. "La sensación de desarraigo es tremenda. Me duele porque ya no puedo volver a Venezuela", dice la actriz que cuenta en su hoja de vida 13 telenovelas y dos películas.  

 

Para Malú, la fundación que creó es un ejemplo de que tanto colombianos como venezolanos pueden lograr grandes cosas sin importar la nacionalidad.  Colombia es un país al que ama profundamente, y al que siempre quiso volver porque lo considera su hogar.  En Bogotá renació como el ave fénix, descubrió a los mejores amigos y se preparó para ser Inti (Sol en lengua quechua) y regalárselo a los sobrevivientes de quemaduras.

 

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En el año 2015, María Luisa Flores emprendió  la campña en redes sociales #EstoyEnTuPiel con artistas colombianos.  Siempre ha sido una apasionada de la comida mediterránea. En Bogotá abrió dos restaurantes llamdos MALÚ.

 

 






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