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Emprendimientos de venezolanos demuestran que sí se puede empezar de cero

Emprendimientos de venezolanos demuestran que sí se puede empezar de cero

A pesar de la recesión por la pandemia de covid-19, muchas empresas han salido a flote reactivando la economía. | Por: MONTAJE PMV




Por: Debbie Gámez / Nahomi Ruiz

octubre 29 de 2021

 

Los migrantes venezolanos se han convertido en fuentes de innovación, ya que traen sus conocimientos y los integran con las formas de vida en Colombia. Debido a esto, están creando negocios que impulsan la economía. 

 

En  9,5% aumentó la cantidad de micronegocios durante el segundo trimestre de 2021, esto en comparación con el mismo periodo del año 2020, según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane). Los micronegocios son empresas en las que trabajan un máximo de nueve personas, principalmente son nuevas organizaciones a las que también se pueden llamar emprendimientos. 

 

En este mismo rango de tiempo, el personal ocupado por estas unidades económicas aumentó 8,5% y las ventas o ingresos crecieron 57,5%. Las cifras demuestran un crecimiento económico referente al nacimiento de emprendimientos, un noticia esperanzadora, incluso después de la recesión por las cuarentenas estrictas por la pandemia de la covid-19.

 

La llegada de los migrantes y refugiados venezolanos al país no es ajena a este crecimiento económico, ya que debido a los flujos migratorios cada vez hay más personas que buscan formas innovadoras para construir sus negocios y comenzar sus propias empresas. 

 

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Detrás de escena del rodaje de La Melodía de mi corazón, uno de los proyectos nominados en el SmartFilm

 

Un águila renació en Bogotá

El estudio fotográfico Águila Studio es uno de estos emprendimientos que venezolanos que nacieron en Bogotá, luego de que la situación política y económica de Venezuela no permitiera a sus ciudadanos continuar con los negocios, ya fuera por escasez de materias primas, por reducción en las ventas, por altos costos de vida, entre otros. 

 

En diciembre de 2019, después de un proceso “dolor”, como lo describe el director de este estudio, Luis Guevara, similar al que pasarían algunas águilas en cierta etapa de sus vidas; nació el nuevo sueño de Guevara, la productora que le daría vida a sus proyectos de ficción en Colombia. 

 

Para este hombre, tener que cerrar su empresa “Halcón Studio” en Venezuela, tomar sus maletas y migrar a Bogotá, fue un proceso que, así como le provocó sufrimiento, también le dio la esperanza de un renacer y, además le abrió puertas para relacionarse con otras productoras en el sur del continente, con las que espera poder colaborar en  muchos proyectos.

 

Águila Studio surgió con el fin de producir contenido audiovisual para cualquier tipo de cliente, pero en el que se incluyan personas con escasos recursos y se les dé una oportunidad a personas con capacidades limitadas, ya que según Guevara, muchas empresas grandes no permiten que otros con bajos recursos puedan demostrar sus talentos o excluyen a personas que tienen alguna limitación física. 

 

Este estudio fotográfico alcanzó tres nominaciones de los cuatro proyectos que presentaron en los SmartFilm de 2020, el festival de cine hecho con celulares, dos de ellos con la participación de personas con capacidades limitadas. En la actualidad están grabando en Caquetá un largometraje llamado Operación Rescate, en el que también incluirán algunas escenas que rodarán en Argentina, con el apoyo de otra productora emergente. 

 

Tienen listo un cortometraje para postularlo a los Premios Óscar del 2022, con la esperanza de lanzarse a un escenario internacional, y en sus proyectos está continuar haciendo alianzas con otras productoras de la región y seguir desarrollando guiones innovadores que cautivan a su público. 

 

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Diseños y confeciones de Jorge Adrián.

 

Pasión por la confección textil

El venezolano Jorge Adrián se cansó de trabajar muchas horas por un bajo salario en Bogotá. Laboró en seis empresas en tan solo año y medio.  Proveniente de Valencia, estado Carabobo (Venezuela), emigró a Colombia con la intención de estudiar mejor la producción textil de nuestro país, ya que según cuenta, esta era reconocida como de buena calidad y muy competitiva en su ciudad natal. Cuando tuvo que cerrar su empresa de diseño y confección luego de ocho años, se decidió por llegar a Bogotá y aprender nuevas técnicas. 

 

Después de haber alcanzado los conocimientos que necesitaba y la experiencia necesaria en la capital, decidió que era tiempo de comenzar su propio emprendimiento y retomar su negocio, un oficio familiar que aprendió desde los 12 años. Aunque comenzar de cero siempre es complicado, Adrián aprovechó la coyuntura por la pandemia de la covid-19 y empezó a hacer tapabocas.

 

En el camino, mientras se daba a conocer, tuvo la oportunidad de hacer alianzas con otras fábricas de confección a las que les hacía diseños, y aprovechaba para producir sus creaciones. Sin embargo, tiempo después creó su propia marca Boz, ahora fabrica sus propios productos, maletines, bolsos, accesorios para motos y bicicletas, entre otros.

 

Incluso, es el principal proveedor de Funny Tracks, otro emprendimiento que amplía la bicicleta tradicional, añadiendo un dos puestos más que permite llevar un niño y una mascota. 

 

Jorge está seguro de que la clave de un emprendimiento es la calidad del producto, la atención postventa del cliente y, por supuesto, la innovación. Para él la creatividad es esencial en el momento iniciar un nuevo negocio, incluso, pudo ver cómo una amiga también migrante venezolana, abrió su taller de confección pero quebró al poco tiempo, debido a que sus productos eran iguales a los que hacía la competencia. 

 

Hace veinte días Jorge fue a Medellín a una feria de emprendedores, en el viaje se enamoró de la ciudad. Por ahora busca que sus diseños lleguen a todas las ciudades del país, y por qué no, distribuirlos en toda América Latina. 

 

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Los platos de Yober se reconocen en Cajicá por su gran sazón.

 

La comida rápida maracucha que deleitan en Cajicá

Yober Guerra y su familia tenían múltiples restaurantes de comida rápida en Maracaibo, en el estado Zulia (Venezuela) Maracuchos Fast Food fue el resultado de muchos meses de arduo trabajo y una visión clara. Todo comenzó cuando Yober se aventuró a tomar otros rumbos, después de haber cerrado sus restaurantes en el vecino país, le ofrecieron un trabajo en Cajicá, Cundinamarca, e inmediatamente arrancó su travesía, para su sorpresa, al llegar al pueblo la vacante ya había sido ocupada. 

 

Ante este panorama, con el poco dinero que le quedaba, Yober compró un par de termos y los ingredientes para comenzar a vender pasteles y tintos en un carrito por Cajicá, todo el día trabajando en su bicicleta dio fruto cuando tuvo lo suficiente para alquilar un Food Truck, un contenedor en el que venden comida y puede ser transportado a cualquier lugar. Sin embargo, la pandemia hizo efecto para este emprendimiento y se tuvo que cerrar. 

 

Sin darse por vencido, Yober comenzó a utilizar las redes sociales para promocionar sus alimentos y, gracias a esta herramienta, logró seguir adelante al punto que, actualmente tiene dos puntos de comidas rápida en el municipio de Cajicá. Según cuenta, el secreto para poder emprender y ofrecer una comida que no era muy conocida para su público, y menos al paladar de los cajiqueños, es la innovación, el dedicarse a crear sabores nuevos e irremplazables. 

 

Yober ha visto cómo sus mismos empleados crean sus propios emprendimientos y, sin ningún rencor comienzan a competir con sus productos. Al parecer, aunque algunos han tratado de copiar las recetas de sus salsas, el sazón y la atención al cliente no se comparan con el servicio que ofrece este venezolano. 

 

Los planes de expansión que Yober guarda en su corazón lo llevan a cruzar el atlántico, con familiares en Europa este hombre busca hacer un viaje de exploración ahora que recién recibió de nuevo su pasaporte. Espera que al ir de visita al otro continente pueda encontrar las condiciones para trasladar su emprendimiento y encontrar mejores condiciones de vida, incluso laborales, en su nuevo destino. Mientras eso ocurre, los cajiqueños podrán seguir disfrutando de esta comida rápida maracucha. 

 

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TequeJullo’s es el emprendimiento de una abogada venezolana en Bogotá. 

 

La abogada que emprendió con tequeños en Bogotá

Elker Perozo es una abogada penalista egresada de la Universidad Fermín Toro, de Venezuela. Vivía en Barquisimeto, donde ejerció su carrera como asesora jurídica durante 20 años, pero con la inflación monetaria en su país y la devaluación de su moneda, hacía que“el sueldo se le volviera nada”. 

 

Después de pensarlo con detenimiento, se vino a Bogotá en marzo de este año con la idea de abrir un salón de belleza con los pocos ahorros que traía. Pero, luego de dos meses viviendo en el país y aún teniendo dudas respecto a qué tipo de negocio era más conveniente, se le ocurrió la idea de vender tequeños venezolanos. Ya sabía prepararlos y eran la sensación en  reuniones familiares, solo hacía falta  perfeccionar la receta.

 

Sus clientes iniciales fueron vecinos y conocidos, pero Elker quería ir más allá. Nombró al negocio como TequeJullo’s; diseñó un logo que tuviera una identidad familiar y representara a sus tres hijos; y mandó a hacer etiquetas y volantes para promocionar los productos. A la par, invirtió en el mesón de trabajo, máquinas laminadoras, rodillos y demás implementos. 

 

TequeJullo’s ofrece tequeños y pasteles en tres tipos de masa: tradicional, orégano y parmesano. Además se ha especializado en sabores de relleno como bocadillo con queso, chocolate, doble queso, tociqueso  ranchiqueso. 

 

Perozo está realizando el proceso del Estatuto para regularizar su situación migratoria.“Fácil no ha sido porque no tengo papeles. En Colombia , creo que como en todas partes, nosotros los migrantes nos topamos con personas que nos dicen que las puertas del país están abiertas y otras que lo tratan a uno a las patadas”, sostiene. 

 

Ha sido su tenacidad y el apoyo de los clientes, lo que ha hecho que su negocio crezca. Ahora, TequeJullo’s no solo ofrece sus productos en bandejas en crudo sino también fritos y en combo con salsa tártara. “Quiero ir paso a paso. En el nombre de Dios, aspiro a tener un punto de venta propio a nivel ya de distribución y, a largo plazo, tener otros puntos de venta en las ciudades principales del país”, dice esta venezolana, quien agradece a Colombia por abrirle las puertas en tan difícil momento. 






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