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El carácter de Alexandra en la cancha

El carácter de Alexandra en la cancha

Alexandra Canaguacán nació en Barcelona, estado Anzoátegui, Venezuela. También ha jugado en Brasil y México. | Por: CORTESÍA ALEXANDRA CANAGUACÁN




Por: Milagros Palomares @milapalomares

octubre 09 de 2020

Alexandra Canaguacán disfruta cada partido de fútbol como si fuera la mejor de las fiestas. Practicar este deporte la ha llenado de muchas dichas y otras no tan gratas experiencias que le han  ayudado a forjar el carácter en la cancha: el lugar donde es completamente feliz.

 

Alexandra es una de las primeras venezolanas en levantar la Copa Libertadores Femenina.  Lo consiguió como campeona del equipo colombiano Atlético Huila, en el año 2018. Jugar en Colombia le abrió las puertas del universo,  la llevó a dar su mejor cara en el fútbol europeo con el equipo Kuopio Palloseura, en Finlandia, durante la temporada de 2019. 

 

Al país que la acogió como una migrante más, junto a su papá y a sus dos hermanos, volvió con más fuerza en 2020.  Ahora es una jugadora defensa del equipo Equidad Seguros, de la ciudad de Bogotá. 

 

"El fútbol para mí es todo lo bonito que uno puede tener después de Dios y mi familia", sintetiza la joven de 23 años, que se formó como jugadora profesional en el Deportivo Anzoátegui, en Venezuela. 

 

No cumplía los seis años cuando Alexandra comenzó a jugar fútbol  con los vecinos del pueblo Valle Guanape, en el oriente venezolano. Era pequeña y delgadita, pero con una habilidad impresionante para patear el balón.  Su mamá temía que le rompieran los huesos en un partido, por eso la inscribía en clases de música, donde aprendió a tocar la mandolina. 

 

Tenía muchísima energía. Las tareas de toda una semana las hacía en dos horas, y los acordes que el profesor de música le pedía se aprendiera en 15 días ella los memorizaba de un día para otro.  "Qué voy a hacer con esta muchacha", se preguntaba su mamá, mientras ella le decía que la mejor idea era jugar fútbol. 

 

Y así fue como a los 12 años, Alexandra se mudó con su familia a Puerto La Cruz y allí comenzó a entrenar profesionalmente en la primera división con el  Deportivo Anzoátegui (DANZ). Cuando está en la cancha comprueba que el cielo existe. "Sea cual sea el resultado siempre lo disfruto, todo es sinónimo de felicidad", dice la  futbolista venezolana, cuyo único ritual que tiene es orar antes de cada partido. Previo a iniciar el juego se ubica en la 16 con 50 y justo ahí hace una última oración.

 

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En 2018, la venezolana levantó el trofeo de la Copa Libertadores femenina. Fue una jugadora revelación del equipo Atlético Huila, quien la trajo desde Venezuela. 

 

Alexandra jugó en la selección de Venezuela y quedaron campeonas del Sudamericano en 2013, en Paraguay. Clasificaron para el Mundial de Costa Rica en 2014.  Ella recuerda perfectamente que a finales de 2016  no habían ligas para seguir jugando con su equipo en Anzoátegui, se había quedado sin empleo. De repente le sonó el celular y era el presidente del Atlético Huila, le dijo que estaban interesados en ella para que formara parte del equipo femenino como defensa. Aceptó de inmediato.

 

No tenía idea a dónde iba a radicarse en Colombia. Llegó entusiasmada en un momento cuando nadie apostaba a este equipo, menos para clasificar a la final. "Fue una muy grata experiencia, los estadios siempre estaban abarrotados de gente, cada partido era de locos", rememora "Alexa", como le dicen todas sus compañeras.

 

Sin duda tuvo dos años de crecimiento profesional con el Atlético Huila. En el primero quedaron subcampeonas de la Liga Águila, y el segundo fue de rotundo éxito al conseguir el título nacional de la misma liga. Ese año alzó el trofeo como campeona de la Copa Libertadores Femenina.

 

Para conseguir esos resultados se esforzó al 100 por ciento.  Antes de que se le presentara la oportunidad de jugar con un equipo colombiano se había ido a buscar empleo como migrante a República Dominicana, tenía que generar ingresos para su familia, y así optó por trabajar como cajera en un bar, desde las  8:00 de la mañana hasta las 12 de la noche.

 

Al llegar a Neiva, el entrenador del equipo la mandó a adelgazar tres kilos. No estaba apta físicamente para jugar. Faltaba menos de un mes para el comienzo de la liga y Alexandra era la única jugadora que estaba "lenta" en la cancha.  El cuerpo técnico y el presidente del equipo la reunieron, le dijeron que estaban preocupados porque no estaba bien físicamente, que le había costado mucho la adaptación.

 

El entrenador Carlos Villarreal confío en ella.  Le dijo que la había visto jugar y que tenía un potencial muy bueno. "En Colombia no conozco a una mujer que patee el balón como lo pateas tú. Necesito que te comprometas en una semana a entrenar a la hora que yo te diga. Si en ese tiempo no estás bien físicamente te tenemos que regresar a Venezuela", le advirtió. 

 

Ella no podía quedarse atrás. Madrugó y entrenó cuatro veces al día durante toda la semana. "Yo sabía que podías, anda para que firmes el contrato", le dijo luego el entrenador.  Y en el primer partido contra el equipo Patriotas, en Tunja, Alexandra se lució, figuró como titular, fue una de las que mejor jugó en ese partido.

 

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La disciplina es el secreto del éxito de Alexandra. Para ponerse en forma físicamente entrenaba cuatro veces al día, antes de comenzar la temporada del año 2018.

 

La experiencia de jugar en Finlandia le perfiló su carácter en la cancha, como ella misma dice. Allá comprendió que el fútbol europeo no se parece en nada al de Sudamérica. Es más de "toque" y  los jugadores se golpean mucho en la cancha.  "El árbitro le ve a uno las canillas llenas de sangre y le dice que siga jugando, eso no es ni tarjeta amarilla", cuenta. 

 

De 19 partidos jugó 11, por lo que Canaguacán considera que tuvo un buen promedio. La parte no tan agradable fue que el dueño del equipo no compaginaba con los jugadoras latinas y eso le costó para integrarse. Tuvo muchos obstáculos porque los entrenamientos los explicaban en finés, el idioma de Finlandia. No le brindaban la posibilidad de hablar inglés  para que ella entendiera. 

 

A nivel futbolístico no se queja, por eso prefiere mil veces jugar en Colombia, porque con el fútbol colombiano aprendió a sentirse en familia.  Asegura que en europa las jugadoras son muy aisladas, a diferencia de las jugadoras colombianas que le brindaron amistad y se siente integrada dentro y fuera de la cancha. 

 

Como migrante, Alexandra aprendió ha ganarse las cosas con su propio esfuerzo.  "Uno no puede pretender que todo se lo den en bandeja de plata. Por ejemplo en el fútbol, uno no puede aspirar a ser titular si no trabajas", confiesa la trigueña que en sus ratos libres escribe sus memorias. La disciplina es la clave de su éxito, valora y agradece a Dios la calidad humana y receptividad de los colombianos.

 






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