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Maternidad sin nacionalidad: así promueven la lactancia con madres migrantes en Cúcuta

Maternidad sin nacionalidad: así promueven la lactancia con madres migrantes en Cúcuta


Por: Sara Prada @pradasaraca


Seis mujeres entran a una sala en la que, ajenas al calor de las 4 de la tarde en Cúcuta, se despojan de sus blusas y las reemplazan por batas azules, se ponen sus gorros y se sientan en círculo. Al fondo suena la música de Diomedes Díaz en un pequeño radio y, al ritmo de Amarte más no pude, las mujeres empiezan a extraer leche de sus senos en unos frascos de vidrio. La escena ocurre en el Hospital Erasmo Meoz, donde desde hace nueve meses funciona el Banco de Leche Humana. 


 

Aunque no es el único banco de este tipo, pues existen otros catorce en distintos hospitales del país, este espacio creado por el Erasmo Meoz es lugar de encuentro para madres colombianas y venezolanas, que utilizan estas instalaciones para alimentar a sus hijos y donar sus excedentes de leche para que otros recién nacidos prematuros tengan una oferta alimenticia durante su hospitalización. Diariamente, al menos 20 bebés reciben su leche. 
 



 

Pioneros en la región


Aunque la migración venezolana ya era un fenómeno creciente cuando el banco abrió sus puertas, no fue la razón que llevó a la gerencia del Hospital a tomar la decisión de crearlo. Esta iniciativa surgió ante los resultados de un estudio del ministerio de Salud que revisó las principales causas de enfermedades entre los niños en la región nororiental del país. 

Así, las autoridades identificaron la necesidad de un programa para combatir la malnutrición de los recién nacidos en Norte de Santander. Luego de un proceso de selección, en el que compitió con el Hospital Universitario de Bucaramanga, el Erasmo Meoz se quedó con el banco, que empezó a funcionar el 23 de noviembre de 2018. 

Actualmente, los principales beneficiarios del  banco son los bebés prematuros que están hospitalizados, tanto en el área de neonatos como en la unidad de cuidados intensivos. Para esos niños, la leche que almacena, procesa y distribuye el banco es la primera que reciben. “Cuando les van a iniciar la alimentación por vía oral a los bebés que están hospitalizados, nosotros somos los que arrancamos con la leche materna y después incentivamos a las mamás para que aprendan a ordeñarse”, dijo Paola Rangel, enfermera encargada del banco.  

Como la alimentación está destinada a los menores que están bajo el cuidado médico, el trabajo de Paola y el resto del equipo incluye también a las madres, a los padres y a los familiares o personas cercanas a los niños.

 


 

En el proceso de extracción  de la leche, las madres reciben capacitación para aprender a hacerse masajes estimulantes que incrementen su producción para alimentar a sus hijos. | © ESTEBAN VEGA / SEMANA






 


Más allá del miedo y los tabús


Encontrar donantes permanentes no ha sido una tarea fácil para el banco. Contar con la infraestructura y los equipos necesarios para que las madres se ordeñen y se pueda procesar su leche no es suficiente para combatir los mitos y tabús que existen alrededor de la lactancia materna. Por eso, diariamente, las tres enfermeras, la nutricionista y la pediatra que trabajan en este proyecto buscan la manera de promover y facilitar la nutrición de los niños con la leche de sus madres. 

 









 


«Las mamás se desesperan cuando no les sale leche el primer día. Entonces, ahí uno les dice que no se preocupen porque el estómago del bebé es del tamaño de una uva, y en ese momento no necesita una gran cantidad de leche. Aquí les explicamos cuál es la técnica para amamantar bien y ahí luego el bebé arranca a succionar solito»

PAOLA RANGEL
ENFERMERA A CARGO DEL BANCO DE LECHE HUMANA


 


Para muchas madres, el primer acercamiento a la lactancia materna es a través del banco. “La primera reacción de las mamás cuando se enteran de este programa, muchas veces, es miedo. Ellas saben que a través de la leche se transmiten muchas enfermedades, y nos preguntan qué control le hacemos a las mamás donantes y si es segura para dársela al bebé”, explicó Paola.

La literatura médica ha demostrado la importancia de la leche materna para la nutrición de los niños, para prevenir enfermedades y su aporte para afianzar el vínculo entre madre e hijo. Sin embargo, muchas veces los mitos hacen que las madres no quieran recibir leche donada para sus bebés. 

En el Banco de Leche Humana del Erasmo Meoz, todas las donantes son sometidas a exámenes médicos para verificar su estado. Les realizan, entre otras, pruebas de VIH y otras enfermedades. 

Una de las principales lecciones que reciben las donantes de este banco es que toda la leche sirve, siempre y cuando cumplan con los requisitos de salud. “Aquí clasificamos la leche por su acidez y por la grasa. Cuando tiene menos acidez, tiene mayor calcio y fósforo, y eso es lo que ayuda a que el sistema gastrointestinal del bebé se vaya recuperando. A los bebés que están más grandes sí les damos leche para engordarlos, es decir, que tenga más calorías”, dijo Paola. 

 

La leche que recibe el Banco de Leche Humana es sometida a procesos de conservación y pasteurización, en los que se verifica su estado antes de alimentar a los recién nacidos. | © Esteban Vega / SEMANA





 


Apoyo para las madres

 

“Yo no conocía un banco de leche, pero me explicaron cómo era, vine y me gustó y he venido ya todos los días”, contó Angélica Molina, una madre venezolana que desde hace tres años vive en Tibú con su esposo y sus otros dos hijos. Como muchas mamás que tienen hospitalizados a sus hijos en el Erasmo Meoz, ella va a la sala de ordeño dos veces al día, en la mañana y en la tarde, para dejar la leche con la que alimentarán a su hijo.

Para Angélica la lactancia no ha sido una tarea fácil, ni ahora con su recién nacido, ni con sus otros hijos, pues asegura que le duelen los senos cuando trata de ordeñarse. “Las enfermeras me ayudan cuando no puedo llenar mi tetero”, dijo mientras les pedía ayuda a las otras mamás en la sala para encontrar un nombre para su hijo. Durante el embarazo, todas las ecografías mostraron que tendría una niña, a la que pensaba llamar Sofía, pero la sorpresa llegó al momento del parto cuando le entregaron a su hijo, el tercer varón de su familia.

Angélica vivía en San Cristóbal, en el estado Táchira, pero decidieron emigrar cuando “la vaina se puso más dura, no había comida y estábamos pasando necesidades”. Ella recuerda que hubo un momento en que su esposo ya no conseguía trabajo y el poco dinero que tenían no alcanzaba para nada. Así, decidieron venir a Colombia y se instalaron en el municipio de Tibú, a casi cuatro horas de Cúcuta. 

Allí viven en arriendo y desde hace tres meses su esposo tiene un taller mecánico. Su hijo mayor, de cuatro años, estudia en el colegio local y el otro, de dos años, apenas empieza a hacer sus primeros trazos y dibujos en casa. “No ha sido fácil, pero gracias a Dios aquí hemos estado bien”, afirmó. Para cuando terminó su labor y logró llenar un tetero para alimentar a su hijo en la noche, Angélica ya había encontrado el nombre: “me gustaría que se llamara Ángel Josué, ese sería un nombre lindo para mi bebé”.

 

Angélica espera que su hijo salga del Hospital Erasmo Meoz para registrarlo en Cúcuta antes de regresar a Tibú, donde vive con su esposo y sus otros dos hijos. | © ESTEBAN VEGA / SEMANA




 


Entre leche y lágrimas

 

A pesar del ambiente tranquilo y de las conversaciones que surgen entre las madres mientras llenan sus frascos con leche, también hay momentos de desesperación y llanto. 

Para Bella del Mar Duque, tener un hijo fue su sueño desde hace mucho tiempo. Por eso, el nacimiento de su bebé Jonathan Josué fue un motivo de alegría, a pesar de las dificultades que vive con su esposo en Cúcuta. Su mayor frustración es no poder alimentarlo.Aquí todas somos madres dedicadas y enamoradas, pero es muy fuerte para uno tener a su primer hijo y no poder darle leche”, dijo mientras limpiaba las lágrimas que empezaron a rodar por sus mejillas cuando revisó su tetero y vio que aún no lograba lo suficiente. 

Esta madre recuerda los largos tres años en los que ella y su pareja intentaron tener un hijo. Hace un año y medio, como consecuencia de la crisis que vive su país, decidió dejar su natal San Cristóbal para buscar un mejor futuro en Colombia. Empezó a trabajar en Cúcuta y, aunque su anhelo de ser madre continuaba presente, se dedicó a trabajar para ayudar a su familia en Venezuela. Así pasaban sus días hasta que un día sintió que algo extraño le pasaba a su cuerpo y acudió de urgencias al Hospital Erasmo Meoz. 

“Yo pensé que tenía dengue. Me vine para el hospital y me dijeron que yo no tenía dengue, que estaba embarazada. No lo podía creer, hasta que me hicieron la ecografía y pude ver a mi hijo. Era algo increíble”. Entre algunos quebrantos de salud, Bella del Mar completó su embarazo y dio a luz en Cúcuta, pero decidió regresar a Venezuela para contar con el apoyo de su madre para cuidar al recién nacido. 

En Venezuela, el pequeño Jonathan se enfermó. “Fui a los hospitales allá, pero lo rechazaron. Me dijeron que no lo atendían porque el niño era colombiano, que como había nacido en Colombia ellos no tenían que atenderlo. Mi esposo y yo somos venezolanos, claro que mi hijo es venezolano”, dijo. Finalmente, le dijeron que, si hospitalizaban al niño, quedaría bajo el cuidado de las autoridades hasta que ella lograra demostrar la nacionalidad de su hijo. 

“En el último hospital al que fui me dijeron ‘ese niño no existe’. Entonces agarré a mi hijo y me vine a la madrugada para Colombia”. En Cúcuta, llevó a Jonathan al Erasmo Meoz y, como se trataba de una urgencia, lo atendieron de inmediato. La fiebre recurrente del niño se debía a sus altos niveles de hemoglobina. 

Luego de todo lo que ha vivido con su hijo, la frustración aumentó cuando esta madre vio que su leche no es suficiente para alimentarlo. “Ahora resulta que no doy leche. Anoche, cuando me fui del hospital, me parecía oír llorar a mi hijo”, afirmó. Tras intentar ordeñarse durante varias horas, la única alternativa para Bella del Mar fue salir, todavía llorando, a comprar una leche de fórmula para poder darle de comer a su hijo, que permanece en una incubadora en la sala de neonatos del hospital. 

 

Para Bella del Mar, la lactacia no ha sido fácil. Desde que su hijo empezó a recibir alimentación por vía oral, esta madre ha probado toda clase de masajes y ejercicios para poder darle la leche necesaria a su bebé. | © ESTEBAN VEGA / SEMANA




 

Amor maternal


El hijo de Jendery Vega ha pasado sus primeros 33 días de vida entre salas de cirugía y unidades de cuidados intensivos. A esta madre cucuteña, la única colombiana en esa jornada de ordeño, la enfermedad de Rafael Ángel le ha enseñado de paciencia, amor y mucha persistencia. 

“Él nació bien, respiraba normalmente y estaba sano, pero a los cinco días le dio colitis por una leche de fórmula que le dieron y le hizo romper el intestino”, dijo Jendery mientras se acomodaba en su silla para empezar a extraerse la leche.

Tras diez días hospitalizado en la clínica Santa Ana, Jendery se desesperó, pues la condición de su pequeño se convirtió en peritonitis y los médicos seguían sin programar la cirugía del pequeño. “Tuve que ir a la EPS Medimás para pedir que lo trasladaran al Hospital Erasmo Meoz y hacer los trámites directamente porque se demoraron mucho en mandar los papeles del niño desde la clínica”

El 11 de julio a las 5 de la tarde, el Rafael ingresó por urgencias al hospital y al día siguiente lo operaron. En la cirugía le quitaron 20 centímetros de intestino y, a pesar del riesgo por una posible hemorragia, el niño salió bien. “Yo solo le pedía a Dios que, así como me lo dio, no me lo quitara”. Después de la intervención, Rafael entró a la unidad de cuidados intensivos, donde su recuperación avanza a paso lento. 

Jendery conoció el Banco de Leche Humana cuando su hijo llegó al Erasmo Meoz. Este espacio se convirtió en una solución para alimentar a su bebé, ya que por ahora no puede amamantarlo.

Todos los días, en la mañana y en la tarde, ella cumple su cita para ordeñarse y dejar el alimento para su niño. “Me ha gustado mucho este espacio, porque en la otra clínica solo había una sala con dos sillas y cada mamá tenía que ordeñarse por su cuenta. En cambio, aquí uno está acompañado, le ponen cuidado, le explican cómo extraerse la leche. Esto me parece bonito”. 

 

Muchos recién nacidos requieren atención de la unidad de cuidados intensivos, pero este servicio solo está disponible para los niños colombianos. Los hijos de migrantes permanecen en incubadoras, mientras que los médicos hacen lo posible para estabilizarlos. | © ESTEBAN VEGA / SEMANA




 

Alimento de vida

Actualmente, la mayoría de las madres que donan sus excedentes de leche para otros niños hospitalizados son venezolanas. Así mismo, la mayor cantidad de beneficiarios del banco son recién nacidos de padres venezolanos. Este es un verdadero espacio de generosidad maternal en el que madres migrantes y colombianas tienen la posibilidad de alimentar a los pequeños que lo necesitan. 

La leche de una madre puede servir para alimentar hasta a diez niños, dependiendo de sus necesidades nutricionales. Además de las madres que tienen hospitalizados a sus hijos, el banco cuenta con cinco donantes externas. Aunque el personal es poco para atender a 20 donantes y pasteurizar leche todos los días, las enfermeras,la nutricionista y la pediatra se turnan para recoger la donación diaria de las mamás que no tienen a sus bebés en el hospital y para acompañar a las otras madres en sus jornadas de ordeño. 
 


«Nuestra meta es que, cuando salga del hospital, la mamá esté entrenada, sepa cómo debe alimentar a su bebé y que, si tiene excedentes de leche, sepa armar su propio banco en la casa»

PAOLA RANGEL
ENFERMERA A CARGO DEL BANCO DE LECHE HUMANA


 

En el Erasmo Meoz, el trabajo con los recién nacidos no se detiene. Diariamente nacen entre 20 y 28 hijos de madres venezolanas, muchos de ellos prematuros. El banco de leche tampoco para, pues además de garantizar las existencias de leche para esos niños, debe capacitar y acompañar a las madres en su proceso de lactancia. 

En promedio, una madre puede donar leche durante cuatro o seis meses, pues generalmente luego de ese tiempo el bebé empieza a recibir alimentación complementaria y la producción de leche disminuye. Para prolongar el tiempo de permanencia de las mamás y aumentar los beneficios para sus hijos, el Banco de Leche Humana promueve la lactancia hasta los dos años. 
 


Cuando finaliza la sesión de ordeño y la música deja de sonar, las madres saben que por hoy su jornada ha terminado. Se visten rápidamente y se apresuran para ver a sus hijos por última vez durante el día. Aferradas a las incubadoras y con la mirada de amor que solo una madre puede ofrecer a esos pequeños, les hacen mimos, les repiten cuánto los quieren y se despiden. Mientras tanto, las enfermeras se encargan de repartir los teteros para alimentar a los bebés. En ese momento no importa cuál es la identidad o la nacionalidad de la mamá que donó su leche, solo importa saber que por un día más esos niños recibirán el alimento que necesitan para su recuperación.


 

La leche que las madres dejan en el banco es utilizada para alimentar a los niños que permanecen hospitalizados en el Erasmo Meoz. | © ESTEBAN VEGA / SEMANA





 

La nacionalidad no importa


El trabajo con las madres migrantes se ve reflejado en la recuperación que tienen los pequeños. Ante el aumento de los nacimientos de hijos de venezolanos en el hospital se han flexibilizado algunas medidas, no solo para brindarles atención a los niños, sino para permitir que las mamás compartan tiempo con ellos y sean parte de su tratamiento. 

Para los recién nacidos del Erasmo Meoz no hay ningún requisito para ser beneficiarios del banco. No importa su estatus migratorio o el de sus padres. Como el hospital tiene los registros del estado de salud de las madres, las que cumplen con los estándares y tienen excedentes de leche, pueden donarlos.  

El personal del banco visita las casas de las mamás para verificar que cumplan con las condiciones de higiene que se requieren para que la leche no se contamine y sirva para alimentar a los niños. “Las mamás son muy juiciosas. Son muy organizadas y muy aseadas, porque quieren lo mejor para sus hijos”, afirmó Paola.

Hasta ahora, todas las mamás han pasado la prueba y, a pesar de que muchas viven en condiciones difíciles tras emigrar de Venezuela, se esfuerzan para cuidar a sus bebés. “El instinto maternal no tiene nacionalidad”, concluyó la enfermera. 



 






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