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¿Hay desabastecimiento de medicamentos por culpa de los migrantes de Venezuela?

¿Hay desabastecimiento de medicamentos por culpa de los migrantes de Venezuela?

Los mercados irregulares de medicamentos son comunes en las zonas fronterizas, donde decenas de venezolanos buscan fármacos que no encuentran en su país. | Por: MIGUEL GALEZZO




Por: Estefanía Palacios Araújo @palacios_araujo

junio 01 de 2019

La profunda crisis sanitaria en Venezuela, donde según la Federación Farmacéutica ocho de cada diez medicamentos no están disponibles, impulsa diariamente a decenas de personas a cruzar la frontera. A pesar de los recursos destinados por el gobierno colombiano, algunos hospitales no dan abasto y para muchos migrantes adquirir medicinas es tan difícil como en su país de origen.

Sin embargo, ¿esto significa que no es suficiente la oferta para satisfacer la demanda de medicamentos? ¿Hay menos medicinas para los colombianos por el flujo migratorio? Proyecto Migración Venezuela investigó el panorama de la disponibilidad de medicamentos en Colombia, específicamente en las ciudades fronterizas. Esto fue lo que encontramos:


Hay desabastecimiento mundial


La Organización Mundial de Salud (OMS) reconoce que en todo el planeta hay desabastecimiento de medicamentos. El fenómeno se relaciona con la desigualdad, es decir, hay una brecha entre el acceso a fármacos de países ricos y países pobres, de acuerdo con las investigaciones del profesor de Harvard, Michael R. Reich.

Eso significa que Venezuela no está sola en la demanda insatisfecha de medicamentos, que Colombia también enfrenta el problema y que una tercera parte de la población mundial no accede a medicinas esenciales.

La magnitud de la crisis sanitaria en Venezuela sumado a una situación política y económica que empeora, obliga a los ciudadanos a cruzar la frontera hacia países como Colombia o Brasil, donde el desabastecimiento es menor y responde a otros fenómenos de mercado.

 

     Los más vulnerables






Los más afectados por el desabastecimiento son los más vulnerables, las poblaciones que tienen acceso limitado a un servicio de salud o tienen menos recursos. Esta es la situación del 85 por ciento de los venezolanos en Colombia, según cálculos del DANE, que no están afiliados al sistema de seguridad social en salud.

En Colombia hay que estar afiliado para acceder a un servicio médico completo. De lo contrario, las personas solo tienen derecho a que los atiendan en urgencias en caso de que sea una emergencia vital. E igual, eso no incluye entrega de medicamentos.

Por eso, a la población más vulnerable, que no está asegurada y necesita medicamentos, le quedan tres opciones: las urgencias, las brigadas y las ventas no autorizadas.

 

Urgencias de frontera

El aumento de población migrante incrementó la demanda de servicios de urgencias, sobre todo en las ciudades fronterizas. De acuerdo con Tatiana Cáceres, gerente del hospital Erasmo Meoz en Cúcuta, de casi 4.000 usuarios que ingresaron a urgencias en el primer trimestre de 2019, el 30 por ciento eran migrantes. Y en emergencias ginecológicas y obstétricas, el 70 por ciento de las usuarias eran mujeres venezolanas embarazadas.

Cáceres asegura que el hospital, uno de los más grandes de Cúcuta, está en alerta amarilla porque escasean los insumos y los medicamentos. Según Cáceres, los recursos que asignó el gobierno este año son insuficientes para atender a los migrantes irregulares que, junto con los colombianos que no están afiliados y los que hacen parte del régimen subsidiado, no aportan al sistema pero sí utilizan las urgencias.

De acuerdo con Giovanny Salamanca, gerente del hospital San José de Maicao, la situación es similar en La Guajira. Los pacientes venezolanos en urgencias pasaron de 123 en 2015 a 12,091 en 2018. Esto “incrementa el consumo de medicamentos e insumos hasta en cien millones de pesos mensualmente y agota las reservas para atender posibles contingencias”, asegura.

Algunos migrantes también alegan escasez de medicamentos. Alexandra Sánchez, por ejemplo, una venezolana que llegó a La Guajira en noviembre del año pasado, cruzó la frontera porque su hija tiene un quiste cerca del cerebro que la hace convulsionar, y la cirugía para extirparlo era excesivamente costosa en Venezuela.

 

En el hospital de La Guajira, el aumento en el número de usuarios incrementa el consumo de medicamentos y dispositivos hasta en cien millones de pesos mensuales© | César García


Los médicos colombianos no operaron a la hija de Alexandra porque no implicaba una emergencia vital, y los medicamentos —que necesita para aliviar las migrañas severas que padece— a veces están disponibles en urgencias y en otros casos no.

Frente a los señalamientos de escasez, el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima) le confirmó a Proyecto Migración Venezuela que en Cúcuta y Arauca sí hay desabastecimiento declarado de varios medicamentos. Por otra parte, en La Guajira solo hay un reporte de abastecimiento entre mayo de 2018 y abril de este año.

Sin embargo, ningún caso de desabastecimiento confirmado está relacionado con la migración venezolana sino con problemas de manufactura y falta de laboratorios oferentes de medicamentos, entre otros factores. De hecho, la ciudad con más reportes de desabastecimiento de medicamentos es Bogotá, seguida de Medellín y Cali.

Aunque no hay desabastecimiento en las ciudades fronterizas por los migrantes de Venezuela, según Salamanca, del hospital de Maicao, sí hay más demanda de algunos medicamentos más fuertes. Como a la mayoría de los migrantes sólo los atienden en urgencias, en ocasiones reciben fármacos sin cumplir el esquema recomendado y llegan de nuevo al hospital con resistencia antimicrobiana, para la que necesitan antibióticos.


Luis Alfonso Díaz, presidente de Pharmetique Labs, coincide con esa afirmación. Aunque el laboratorio no tiene reportes de desabastecimiento, en Cúcuta y Arauca aumentó la venta de antibióticos, antiinflamatorios, vitaminas y en general medicamentos para tratar enfermedades agudas (de corta duración).

Por la necesidad de medicamentos y la poca capacidad que tienen los centros de salud de atender a toda la población que lo necesita, las farmacéuticas donan medicamentos para que los hospitales, las organizaciones sociales y las fundaciones los distribuyan a la población vulnerable que no está afiliada.
 


 


 

 

 

 


 

¿Cómo son las denuncias de desabastecimientos por detartamento?

(Mapa interactivo)

 


 

El drama de las enfermedades crónicas

Los migrantes que padecen enfermedades crónicas como cáncer, hipertensión, diabetes o Sida y no están afiliados al sistema viven una situación crítica si sus condiciones no constituyen emergencias vitales para acceder a urgencias.

Según datos del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (ONUSIDA), unos 7,700 venezolanos viven con VIH fuera de su país. La situación es dramática porque de acuerdo con la Federación Farmacéutica la escasez de las medicinas de alto costo para el VIH en Venezuela está en 90 por ciento. Así que muchos migrantes cruzan la frontera en busca de medicamentos - o la atraviesan a diario- y tienen que volver a enfrentar su enfermedad -y la situación de su país- con las manos vacías.

Parte de esa población puede dejar de utilizar medicamentos sin arriesgar su vida a corto plazo, pero las enfermedades crónicas no tratadas disminuyen la calidad de vida y sí tienen efectos devastadores a largo plazo.

Por eso, algunos hospitales, organizaciones y fundaciones también entregan fármacos por jornadas. Es una forma de saltarse los muros burocráticos para atender a los venezolanos y colombianos retornados sin distinción.


Gorky Urdaneta, un venezolano que llegó a La Guajira porque su hija de cuatro años sufre de convulsiones y en su país no encontraba antiepilépticos, es uno de los beneficiarios de estas jornadas. Cuando los médicos le niegan la atención a su hija por no estar afiliada al sistema, la jornada de entrega de medicamentos de la Cruz Roja alivia la preocupación de la familia.

Sin embargo, los obstáculos que Gorky encuentra en Colombia no se comparan con los de Venezuela. Desde hace tres años, cuando cruzó la frontera, su hija no convulsiona. La atención es complicada y limitada y lenta, pero no hay desabastecimiento generalizado y en cambio sí voluntad para ayudar desde muchos sectores.

Entre julio de 2017 y marzo de 2019, por ejemplo, la Cruz Roja prestó 269.956 servicios de entrega de medicamentos, apoyo psicosocial y primeros auxilios, entre otros. Las organizaciones y fundaciones entregan fármacos especialmente en Arauca, La Guajira, Norte de Santander, Guainía y otras zonas fronterizas.
 

 

La policía de Cúcuta incauta regularmente cargamentos de medicamentos que contrabandistas pretenden ingresar al país. Mientras tanto, comerciantes encuentran la oportunidad de vender fármacos a precios bajos en las zonas de frontera. Izquierda: © | Policía Fiscal y Aduanera. Derecha: © | Miguel Galezzo.


Desabastecimiento en Venezuela, contrabando en Colombia

Los dos países comparten una frontera de 2219 kilómetros, cuatro puentes internacionales para cruzar de un lado al otro y miles de trochas utilizadas hace años como rutas de contrabando. Con la migración masiva, la crisis del sistema de salud y el cierre fronterizo, esos senderos se convirtieron en pasos irregulares de medicamentos.

Solo en febrero de este año, la Policía de Cúcuta recuperó 40.000 unidades de fármacos que contrabandistas planeaban ingresar a Colombia por la trocha Los Mangos en Villa del Rosario y sin la aprobación (Invima).

Esas medicinas que no pasaron controles aduaneros seguramente no cumplen requisitos sanitarios y pueden estar dañadas o adulteradas. Esta falta de control es evidente en el bajo precio de los fármacos que los contrabandistas no solo transportan por la frontera, sino que también venden en puestos irregulares.  Y como muchos migrantes cruzan a Colombia solo para conseguir medicinas, los comerciantes se paran junto a los pasos hacia Venezuela y ofrecen medicamentos más económicos que en cualquier farmacia.


Las respuestas

Proyecto Migración Venezuela estableció que hay desabastecimiento de algunos medicamentos en Colombia, pero ni se compara con las cifras de Venezuela ni tiene algo que ver con la migración de venezolanos o de colombianos retornados.

Además, aunque el aumento de la población sí implique el consumo de más medicinas y sí desborda a los centros de salud en recursos y capacidad, las labores conjuntas de las fundaciones, las organizaciones, las farmacéuticas y los hospitales ayudan a mitigar esa necesidad.

Al final, la conclusión es que la población migrante no afiliada al sistema de salud, es decir la mayoría, que también es la más vulnerable, es la que más se enfrenta a retos y límites para acceder a medicamentos. E igual, a este lado de la frontera también hay personas que luchan por su bienestar en un camino lleno de obstáculos.

 






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