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Entre rondas y juegos, los niños migrantes reciben cuidados en Cúcuta

Entre rondas y juegos, los niños migrantes reciben cuidados en Cúcuta


Por: Sara Prada @pradasaraca

El 23 de noviembre de 2018, la primera sede de Mi vecino protector abrió sus puertas en La Parada. Aunque la decoración, el personal y las actividades coinciden con otros programas del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), la particularidad de esta guardería es que está dirigida a niños venezolanos. Con este programa, el ICBF quería atender a los menores en el sector del puente internacional Simón Bolívar, que permanecían en las calles mientras sus padres trabajaban, mercaban o hacían trámites. 

Cada día, a las 7:30 de la mañana, los niños llegan a la guardería de la mano de sus padres para desayunar y comenzar una jornada de ocho horas. Allí, en la sala cuna y en los salones Héroes y Campeones, niños entre uno y cinco año juegan y reciben los cuidados que necesitan. A pocos meses de completar su primer año, este programa ya es un referente de la atención infantil ante el fenómeno migratorio venezolano. 


 

© ESTEBAN VEGA / SEMANA







 

Vecinos solidarios

Con este programa, el ICBF busca brindar las condiciones para que, por lo menos durante unas horas, los padres cuenten con el apoyo de cuidadores profesionales que atiendan las necesidades de los niños. Ante las necesidades con las que llegan los niños, las profesoras también han aprendido a ser recursivas para poder desarrollar actividades y para que las limitaciones económicas no sean una barrera. 

En Norte de Santander, el ICBF atiende a cerca de 48.000 niños entre cero y cinco años. De ellos, cerca de 5.000 son venezolanos, beneficiados por los diferentes programas de atención de la institución. Aunque la cifra parece pequeña, los 160 niños beneficiados por Mi vecino protector están a salvo de los peligros que podrían enfrentar en las calles y tienen la posibilidad de recibir atención necesaria para su crecimiento. 

 






 

De los 48.000 niños entre cero y cinco años atendidos por el ICBF en Norte de Santander, alrededor de 5.000 son venezolanos. 



Además de la vulnerabilidad en que se encuentra gran parte de la población atendida por la institución en el departamento, la atención que reciben estos niños, con trabajadoras sociales, nutricionistas y psicólogos aumenta los costos de su cuidado. “Poco a poco va creciendo la atención a la población migrante”, dice Lilian Contreras, directora de la regional del ICBF en Norte de Santander. Y agrega que “los niños no tienen nacionalidad, no tienen frontera, así que la directriz es atenderlos”.

 






 





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