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Arauca: un llamado de emergencia

Arauca: un llamado de emergencia


Por: Carolina Arteta Caballero @carolinarteta

Henry Estupiñán, un comerciante de 69 años, murió al final de la tarde del 5 de agosto mientras intentaban asaltarlo en su negocio ubicado en pleno centro de Arauca. Dos hombres llegaron al local y, en circunstancias confusas, le ocasionaron dos heridas fatales en el pecho con un destornillador. Los vecinos reaccionaron apenas se percataron de lo que estaba pasando y lo llevaron al Hospital San Vicente, pero ya era muy tarde. “No hemos encontrado la explicación de su muerte. Creemos que fue porque no tenía mucho dinero para darles”, cuenta Dora Inés García, su cuñada.

Este crimen pudo haber pasado inadvertido entre las noticias de un municipio envuelto en la violencia del conflicto de no ser por un detalle: a Henry lo asesinó un venezolano de 24 años. La noticia tuvo tal repercusión entre la sociedad araucana que al día siguiente una caravana de 15 personas en motos, armadas con palos y machetes, recorrió los parques en busca de venezolanos. Los intimidaron y les quemaron sus pertenencias, según registraron los medios locales. El objetivo, dijeron, era “pedirles que se devolvieran a su país”. Desde el gremio de comerciantes anunciaron una protesta pacífica y le exigieron al gobierno local tomar medidas para combatir la inseguridad.

En Arauca, suelen mencionar el asesinato de Henry como ejemplo del impacto negativo de la llegada de los migrantes provenientes de Venezuela. Al igual que sucede en el resto de la frontera, en el último año aumentó significativamente la cantidad de venezolanos en las calles de la ciudad. Y todos hablan de eso.

 

El flujo migratorio en el puente internacional José Antonio Páez, en Arauca, es bajo en comparación con el que se ve en los otros seis pasos formales habilitados por Migración Colombia a lo largo de toda la frontera con Venezuela.  ©Alfonso Giraldo Calderón

 

Según las últimas cifras de Migración Colombia, hay 29.757 venezolanos en el departamento de Arauca, que representan el 11 por ciento del total de la población. Sin embargo, nadie sabe a ciencia cierta cuántas de las personas del registro continúan allí. Además, según un informe del Banco Mundial, Arauca es el departamento con mayor número de migrantes irregulares en todo el país

La población local atribuye el aumento de la inseguridad, el contrabando y la informalidad, en general, a la migración y afirma estar sufriendo las consecuencias de la falta de respuesta del Estado al tema. “El llamado que hacemos es que por favor no pasen más casos así. Extrañamos esa Arauca tranquila donde todos nos conocíamos, cuando podíamos dormir y dejar nuestras puertas abiertas”, dice Dora Inés.

Los datos de la Policía muestran que los homicidios –el indicador más importante para medir la seguridad ciudadana– registrados en el departamento entre enero y agosto de 2018 sí han aumentado en comparación con el año pasado.

Pero llama la atención que el incremento se debe, en gran parte, a que hay más casos de venezolanos asesinados. En cuanto a las capturas, según cifras de la Policía, entre el 1 de enero y el 20 de noviembre se habían detenido 899 personas en Arauca por orden judicial o en flagrancia, y de estas 144 eran venezolanos.

 


«Es decir, si bien el número de venezolanos capturados ha aumentado a medida que son más los que llegan, no es cierto que sean ellos los que estén cometiendo la mayoría de los delitos.»


 

 

Pero las estadísticas no coinciden con la percepción de la gente. Como explicó Dumar Sánchez, enlace de la Cancillería en la zona a Proyecto Migración Venezuela: “Se ha creado el mito de que todo lo que pasa es culpa de los venezolanos”.

Más seguridad

Hasta ahora, la respuesta de las autoridades locales a la migración se ha centrado en reforzar la seguridad en el municipio. 

En las calles cercanas al malecón del río Arauca –en donde se concentra gran parte de las personas que van y vuelven a Venezuela todos los días– circulan constantemente patrulleros de la Policía que exigen documentos. “A cada rato llegan. La semana pasada me quitaron un poco de plata y me pusieron un comparendo”, cuenta Wílder Zapata, un venezolano de 24 años que vive en el estado Apure y cruza el río todos los días para comprar y vender bolívares. Con su hija de 3 meses en brazos, asegura que renunció a su trabajo en Barquisimeto para venirse a trabajar y conseguir dinero para comer. 

 

Decenas de venezolanos viven y se rebuscan en los alrededores del malecón de Arauca.  ©Alfonso Giraldo Calderón

 

En febrero se creó el Grupo Especial Migratorio (GEM), integrado por el ICBF, Migración Colombia, la Dian y la Policía de Arauca. Giovanny Buitrago, comandante de la Policía, explica que este grupo busca ejercer un control más efectivo del contrabando y la migración irregular. Entre las principales acciones del GEM están los llamados “acompañamientos voluntarios” a la frontera, que consisten en transportar a las personas que estén en situación irregular hasta el puente internacional José Antonio Páez, el único paso formal en el departamento. Hasta el 15 de noviembre se habían realizado 9.130, es decir, casi 1.000 al mes.

Pero en la práctica esta estrategia no parece ser muy efectiva. La frontera entre el departamento de Arauca y el estado venezolano de Apure tiene una longitud de 415 kilómetros, y el río Arauca representa casi 300 kilómetros. Cruzarlo en canoa es muy fácil: toma menos de 5 minutos y cuesta cerca de 3.000 mil pesos. Por eso, muchos de los migrantes que los patrulleros acompañan hasta el puente pueden volver a territorio colombiano en menos tiempo del que les tomó llevarlos hasta allí. 

El comandante de la Policía afirma que es muy difícil controlar el flujo migratorio y sostiene que si no fuera por los operativos del GEM, “las cifras del contrabando y la seguridad serían mucho más complicadas”.

 


“Si llegan tantos venezolanos de un momento a otro, eso genera un impacto social muy fuerte. Aquí hay más de 70 invasiones. ¿De qué viven si trabajo no hay?” 

Giovanny Buitrago
Comandante de la Policía de Arauca


 

 EN RIESGO POR CONFLICTO ARMADO 

Por su condición de migrantes, los venezolanos que llegan al país están expuestos a situaciones como la trata de personas y la explotación sexual. Pero en Arauca son especialmente vulnerables frente al conflicto armado. “La paz no ha llegado a Arauca. Desafortunadamente, la población venezolana traspasa la frontera para buscar mejores condiciones de vida y encuentra una guerra que no le corresponde”, señala Deisson Mariño, defensor regional de Arauca. 

Precisamente, hace apenas una semana la Defensoría emitió una alerta temprana que los incluye entre los cerca de 30.000 habitantes de la zona urbana y rural de Arauca en riesgo por la presencia y las acciones del frente de guerra Oriental del ELN y las disidencias de las Farc.

Según la alerta, este municipio tiene valor estratégico para el ELN– que ejerce un control territorial fuerte y tiene influencia en las administraciones locales– por su condición de frontera binacional.

Desde muy temprano en la mañana decenas de canoas transportan migrantes por el río Arauca, de Venezuela a Colombia. ©Alfonso Giraldo Calderón


Las oportunidades

Benjamín Socadagüi, alcalde de Arauca, afirma que todavía no hay un plan porque la migración ha superado la capacidad de respuesta de un municipio que tiene muy pocos recursos. “Estamos en una situación sin salida. Hemos hecho algunas políticas de asistencialismo, pero eso no resuelve la crisis”, reconoce Socadagüi, para quien el gobierno nacional debe prestar más atención a los municipios fronterizos. 

Con el fin de reactivar la economía y generar oportunidades para todos los habitantes de Arauca, líderes locales proponen declarar zona franca a la frontera. Hoy en día, Arauca es la segunda ciudad más barata del país para abrir una empresa, según el reporte Doing Business de 2017. 

 

Así se ve el movimiento de migrantes en el puente internacional José Antonio Páez, en Arauca. ©Alfonso Giraldo Calderón

 

Sin embargo, el municipio no atrae a las compañias, porque está muy alejado de los centros de producción del interior del país. Tal vez por eso a nivel local siguen viendo en Venezuela un socio comercial estratégico. Independientemente de la crisis actual, muchos consideran más factible que una empresa venezolana se instale en un departamento de frontera a que lo haga una colombiana.

Pero Gisela Garcés, directora de la Cámara de Comercio de Arauca, explica que no es fácil que esto ocurra, por lo que propone empezar a identificar oportunidades más reales. “Con la llegada de esta población nos podemos convertir en un mercado atractivo con una capacidad de compra mayor”, ejemplifica.

En el municipio han hecho presencia 23 organizaciones humanitarias que incluyen tanto agencias del Sistema de Naciones Unidas como ONG nacionales e internacionales. Los proyectos, coordinados por Acnur, están dirigidos principalmente a proteger a la población y a fortalecer la respuesta en temas como seguridad alimentaria, salud pública, educación en emergencias y alojamiento. En total, entre 2018 y 2019 se han destinado 2,2 millones de dólares de cooperación internacional para estos proyectos.

Venezolanos venden todo tipo de productos puerta a puerta en Arauca: desde verduras hasta sillas plásticas. ©Alfonso Giraldo Calderón

 

Para Borja Santamaría, jefe de la oficina de Acnur en Arauca, poco a poco se deben derribar los mitos en torno a los recién llegados. “Hay una idea de que la población que llega no es formada. Muchos no tienen ropa y están en situación de calle, lo que provoca la sensación de que es una población pobre. Pero vemos que vienen con conocimientos de algunos sectores económicos que puede ser un activo importante para dinamizar esta economía araucana que lleva en crisis varios años”, afirma. Por este motivo, desde Acnur están apoyando los procesos de documentación de migrantes y refugiados.

Solo con soluciones reales para la complicada situación de Arauca el municipio puede responder a la migración de una manera que beneficie también a los araucanos. Así se podría cambiar la mirada sobre este tema. Mientras eso sucede, Wílder Zapata sigue trabajando en el malecón. Y los operativos continúan casi todos los días.

 

Este artículo fue publicado en la edición No. 1907 de la Revista Semana.

 






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