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El parcero que moldea a los chamos en plastilina

El parcero que moldea a los chamos en plastilina

Las piezas del artista colombiano son muy difundidas en redes sociales. | Por: CORTESÍA EDGAR HUMBERTO ÁLVAREZ




Por: Milagros Palomares @milapalomares

octubre 03 de 2020

Las maletas tricolor son exactas, al igual que los detalles de apariencia y sensación de incertidumbre en los rostros. De lejos, la imagen se parece a la de un grupo de venezolanos caminando por las carreteras de Colombia, pero en realidad son las figuras en plastilina del artista colombiano Édgar Humberto Álvarez, que en los últimos dos años se ha dedicado con su arte a explicar problemas sociales y el fenómeno migratorio. 

 

Una franca conversación con una familia del vecino país en Cajicá, en medio de un taller artístico, fue el punto de partida de una serie de figuras que reflejan del drama  de miles de  caminantes venezolanos, y que en las redes sociales @seloexplicoconplastilina @altereddie le han dejado miles de comentarios y reacciones de los propios protagonistas: los venezolanos. 

 

Después de tenerlos como alumnos, Édgar se hizo muy amigo de una familia de migrantes. Se interesó más por esa situación y decidió hacer un  recorrido  hasta Soacha, donde se quedó sorprendido al ver a tantos venezolanos migrando a pie. En su mente se le quedó grabada la imagen de unos padres que llevaban a su niña en silla de ruedas: esas figuras aún no las moldea porque es un recuerdo que le "dio durísimo" en los sentimientos. 

 

El artista, de 45 años, no conocía la realidad de lo que estaba pasando con la migración de venezolanos en Colombia hasta que comenzó a investigar. Se acercó a los migrantes, iba todos los días al terminal de pasajeros a observar sus rostros, estudió las formas de las maletas, caminó largos tramos con ellos, compartió anécdotas,  los invitaba a almorzar. Con la mayoría  logró empatía, se hizo parcero de los chamos.  

 

Recuerda con especial agrado cuando hizo un viaje a Santander y allí se encontró con unos migrantes que retornaban a pie desde Perú, eran tres niños y tres mujeres. Ellos les contaron toda su travesía y las vicisitudes que pasaron.  Ese día Édgar se "pegó una chillada" que lo hizo reflexionar, se prometió plasmar la migración forzada y ayudar con sus obras a que la gente se quite los imaginarios de estigmatización hacia los venezolanos. 

 

Con  la paciencia que lo caracteriza, y en jornadas que le pueden tomar más de un día, este bogotano ha moldeado más de 40 figuras de plastilina sobre los migrantes. Cada una mide entre 15 a 25 centímetros. Para ubicarlas en contexto, Édgar lleva las piezas hastas las carreteras principales y les toma fotografías que luego obsequia a los venezolanos que lo contactan.

 

Le llamó muchísimo la atención las escenas nocturnas de grupos de migrantes en las calles de Bogotá. En las carreteras principales le asombró el tizne de los vehículos pegado encima de estas personas, la piel quemada por el sol.
 

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El artista colombiano se ha hecho amigo de varias familias de caminantes venezolanos. A muchos les obsequia las fotografías de sus obras.  La música y la gastronomía son dos cosas en común entre colombianos y venezolanos. 

 

Al tener tanto impacto en sus redes sociales, Acnur contactó al artista el año pasado para realizar una campaña en Centroamérica. Viajó a Guatemala, México, El Salvador y Honduras, observó con detenimiento lo que ocurre en  los pasos fronterizos, en los refugios, dictó talleres a los migrantes y refugiados. 

 

Édgar tiene en mente hacer una serie de imágenes para mostrar las similitudes del desplazamiento interno de Colombia y la migración venezolana.  "Me gusta que la gente reaccione con mis figuras. Quería viajar hasta Chile para seguir haciendo figuras, animaciones y  fotografías pero por la pandemia todo quedó en planes", afirma desde su vivienda en la capital colombiana.

 

El hecho de haber sido un migrante en un momento de su vida lo sensibilizó más con el tema.  Édgar sintió los comentarios de discriminación y las generalizaciones que hacían los americanos hacia los colombianos cuando vivió varios años en la ciudad de Los Ángeles, Estados Unidos. A ese país se fue detrás de un viejo amor y terminó trabajando como productor de un documental muy laureado internacionalmente,  llamado Los Invisibles, que retrató el drama de los habitantes de calle. 

 

En varias oportunidades viajó a Venezuela. "A muchos colombianos que migraron a Venezuela los recibieron bien, eso es importante mostrarle a la gente. Recalcarlo para que no los rechacen porque nos parecemos muchísimo", dice moldeando otra figura. 

 

Édgar Humberto también se ha propuesto abordar la migración desde varios aspectos, quiere plasmar el caso de los africanos y haitianos que atraviesan la peligrosa selva del Darién, en Antioquia.

 

Cuando se imagina una escena con los venezolanos hace el boceto y de inmediato moldea. La mejor recompensa son los comentarios de  los propios caminantes, como Ángel F, quien le comentó por twitter que está tomando sus previsiones para volver a migrar. En enero retornó a pie desde Máncora, Perú, hasta la ciudad de Maracay, en Venezuela. Ahora, Ángel espera de nuevo hacer esa travesía hasta la ciudad de Lima. "No es fácil, pero personas como tú nos hacen el camino más bonito", le escribió el venezolano. 

 

Igual agradecimiento le expresó Libia Vargas, quien se vio retratada en las figuras modeladas: "Así salí con mi familia de mi amada Venezuela hace un año. Toda una vida reducida a una maleta, dos bolsos y tres morrales tricolor en busca de un futuro mejor, especialmente para mis nietas", se lamentó la mujer. 

 

El artista siente que la incertidumbre de los migrantes venezolanos también es un sentimiento colectivo de los colombianos en medio de la pandemia. Eso lo observó en los comentarios que le hicieron por la imagen de un ciudadano desolado y la frase que decía: "Me quedé sin plata para el pagadiario".



Dictar charlas en las comunidades le ha facilitado la comprensión del fenómeno migratorio. Se interesa por conocer cómo viven los migrantes en las comunidades de acogida y dicta charlas de integración a niños y adolescentes. Desde hace unos meses emprendió por sus redes sociales la campaña Tómese un tinto con el que piensa distinto, un espacio que brinda la oportunidad de hablar con alguien de otro país o que piensa de forma diferente sobre  temas políticos o sociales.

 

La clave de la integración, según Álvarez, es que la población nacional tenga por lo menos cuatro amigos migrantes. "Al conocer las historias de ellos es cuando se da la aceptación. Si se tienen prejuicios es más difícil", asegura orgulloso de tener amigos músicos y escultores venezolanos.

 

"Parcero, qué belleza de mensaje. Acá se nos olvidó que los venezolanos son nuestros hermanos y que hicieron mucho por los colombianos que salían hace años en busca de oportunidades", le escribió a Édgar un paisano llamado Jason Sánchez. 

 

El exintegrante de la Asociación Colombiana de caricaturistas El Cartel del Humor, y quien ha publicado 10 libros sobre modelado en plastilina y otros temas, reconoce que no hay como las crisis para aprender a ser fuerte: un mensaje que quiere transmitir a los venezolanos.  Espera que la "mala hora"  del país vecino  pase pronto para comenzar una nueva serie artística del renacer de Venezuela. 

 

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En cada escena, Edgar transmite esa incertidumbre que reflejan muchos migrantes venezolanos. El artista bogotano es disciplinado con la creación de sus personajes. 

 

 






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