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El lado venezolano de la Orquesta Filarmónica de Medellín

El lado venezolano de la Orquesta Filarmónica de Medellín

Jaime Martínez es maestro en oboe y hace parte de la Orquesta Filarmónica de Medellín desde el año 2015. | Por: ORQUESTA FILARMÓNICA DE MEDELLÍN (FILARMED).




Por: Daniel José Galvis @danielgalvisj

septiembre 15 de 2020

Poco a poco, las luces iluminaron la sala de cine del Museo de Arte Moderno de Medellín. Los músicos se preparaban en silencio. Luego de unos minutos y de acatar las normas de distanciamiento social, se miraron entre sí y empezaron a tocar sus instrumentos. Quien dio la señal fue el venezolano Jaime Martínez, maestro en oboe. El vals titulado  A un amigo, de Henry Martínez, abría el concierto virtual “Venezolano Rima Con Hermano”. 


No era un concierto habitual. Esta vez, la Orquesta Filarmónica de Medellín (Filarmed) invitaba a un viaje sonoro por Venezuela que empezó con merengues como El sabrosito, de Aquiles Báez; o Acidito, de Adelis Fréitez, hasta valses como Viajera del Río, de Manuel Yánez o “Danzaperoco, una danza juliana de Edward Ramírez.

Todo hacía parte de una presentación de ritmos binacionales por plataformas digitales —acorde con la denominada 'nueva realidad'—, realizada el pasado 5 de septiembre de 2020 y acompañada por los comentarios de Gonzalo Ospina, concertista de la orquesta, y por el músico venezolano Miguel Delgado Estévez.

Filarmed buscaba mostrar la enorme tradición musical venezolana.  Aunque en escena había otros tres músicos venezolanos  —Eddie Cordero, Gabriela Rosas y Fernando Martínez—, el más emocionado por estas iniciativas era Jaime, quien pudo enseñar dos de sus propias composiciones: “Caruao, un pasaje marino, y Gozando un tuyero, una obra estrenada en el concierto.

 

Jaime y su oboe

Jaime es oriundo de Carora, estado Lara. Ahí, asegura, se unió la música europea con los ritmos venezolanos populares y también la música con el corazón de su familia: su padre, Juan Martínez Herrera, fundó la Orquesta Sinfónica Infantil de Carora, agrupación que precedió el Sistema Nacional de Orquesta, fundado en el año 1979 por el maestro José Antonio Abreu.

Siendo tan solo un niño de 11 años, Jaime escogió el oboe como su instrumento predilecto pese a que, durante el inicio de los años 70  en Venezuela “era impensable que con el oboe se pudiera tocar música popular, eso no se podía hacer y ni siquiera había oboístas venezolanos, cuenta Jaime.

No obstante, gracias a una beca estatal, Jaime fue enviado al Conservatorio Nacional Superior de Música de París, Francia, en 1981. Entre 300 candidatos que participaron, solo seis fueron escogidos para pertenecer al conservatorio. Con 17 años, Jaime Martínez estudió con el francés Pierre Pierlot, considerado para ese entonces el mejor oboísta del mundo.  

 

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Jaime Martínez hizo parte de la primera generación de músicos venezolanos del Sistema Nacional de Orquesta.

 

Aprendiendo de manera técnica los grandes compositores europeos como Mozart y Bach, Jaime Martínez empezó a tener una gran añoranza por su nación. Por eso cuando regresó a Venezuela durante los años 80 se propuso introducir el oboe a la orquesta y a la música popular venezolana.

 

Sus esfuerzos comenzaron a dar frutos.  Poco a poco, había cada vez más oboístas en el Sistema Nacional de Orquestas.  Sus iniciativas fueron reconocidas por José Antonio Abreu, quien una vez le dijo que “tú le sacaste la cédula de identidad al oboe”.

 

En 2014 fue contactado para dar unos conciertos en Medellín. “Jorge Humberto Pinzón Malagón, el mejor oboísta colombiano se fue a otro país y necesitaba alguien que ocupara su lugar”, recuerda Jaime. Lo que se convertiría en un remplazo de una semana se transformó en una oportunidad para llegar a Colombia. En 2015 le ofrecieron el cargo en la Filarmed y Jaime, que veía venir la crisis venezolana, aceptó sin dudar. 

 

Así, el venezolano se convirtió en jefe de oboes en la Orquesta Filarmónica de Medellín. A medida que fue enseñando su instrumento a los jóvenes músicos de la orquesta, la situación en Venezuela se hacía más difícil. Muchos de los músicos del Sistema de Orquesta Nacional, en especial de la Orquesta Simón Bolívar, fueron abandonando el vecino país en busca de una mejor calidad de vida. 

 

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Eddie Cordero ha colaborado con agrupaciones ganadoras de Premios Grammy, como Franco de Vita, ilan Chester, Monsieur Periné y los Amigos invisibles,

 

La integración no solo ha sido un asunto suyo: Jaime se muestra muy satisfecho con la paulatina inclusión de los otros tres músicos venezolanos en la Orquesta: Gabriela Rosas, Fernando Martínez y Eddie Cordero. Este último es hoy violinista de la Filarmed y participó en el “Duelo de violines: ¿música venezolana o música colombiana?”, realizado el 3 de septiembre. Junto con el músico colombiano Manuel López, el duelo musical se centró en mostrar las enormes similitudes y los matices entre los ritmos de ambas naciones hermanas

Eddie Cordero ve este concierto como una forma de mostrar todos los ritmos de su país. Su llegada a Colombia no fue fácil, ya que su mamá Weinett Moros estaba enferma de tuberculosis. Temiendo por su vida, en octubre de 2017 salió de Venezuela para conseguir un empleo en Colombia. Por suerte, consiguió un puesto en la Filarmed y eso le permitió pagar por el tratamiento de su mamá. Aunque está muy feliz en la orquesta, este músico de 35 años reconoce que es difícil haber trabajado tantos años de su vida, para luego no tener nada, "pero hay tener la cabeza en alto", afirma el experimentado músico.

 

Durante muchos años, Eddie enseñó música y participó en la Orquesta Simón Bolívar, algo que también comparte Fernando Martínez, flautista venezolano de la Filarmed. Para este joven de 29 años fue duro ver  cómo muchos de sus compañeros se fueron poco a poco de la orquesta. Fernando tuvo que emigrar a Colombia en 2017, aunque para él es una oportunidad  aprender de la cultura colombiana y enseñar la música venezolana, es un ganar para todos”, dice.

 

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Gabriela Rosas tuvo que realizar un extenso viaje desde Venezuela para llegar a Medellín para sus audiciones con la Filarmed.

 

Para Gabriela Rosas, violinista venezolana, este tipo de conciertos muestran la importancia del intercambio cultural, siendo esta “la oportunidad para que colombianos y venezolanos vean la enorme riqueza musical que nos une”.

 

La joven de 24 años y quien es oriunda de Guatire, estado de Miranda, es especial cuando toca junto a sus connacionales, situación que la ayuda a sentirse más en casa. Además, es su profesión de violinista en la Filarmed la que le permitió establecerse en Colombia, dándole una muy necesaria estabilidad.

 

Jaime Martínez, junto a los otros músicos venezolanos, esperan poder realizar más conciertos de música venezolana. A pesar de la pandemia y que ya no hay público, para ellos se ha convertido en una oportunidad para que más gente conozca no solo los ritmos de Venezuela, sino también lo de todo Latinoamérica.

 

“Con la virtualidad llegamos a más gente, antes era mil o quinientas, ahora ponemos un vídeo en YouTube y lo ven millones de personas”, dice Jaime, que junto a sus otros compañeros venezolanos están expectantes: el concierto Venezolano Rima Con Hermano” será repetido en noviembre  y será presentado vía streaming, usando plataformas digitales como Facebook y YouTube de la Filarmed. Para estos músicos, siempre es bienvenido tener la oportunidad de tocar su música venezolana para sus connacionales en Colombia y el mundo, además de compartir su cultura con todos los colombianos.

 

 






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