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Amor en tiempos de migración

Amor en tiempos de migración

Debido a la crisis, Fernando y Carmary debieron huir de Venezuela en el 2016. | Por: FERNANDO DELGADO CELI.




Por: Daniel José Galvis @danielgalvisj

septiembre 19 de 2020

Eran casi las 12 del mediodía de algún día del 2010 en Valencia, Venezuela. Carmary Noguera  decidió tomar un receso de su trabajo en la tienda de zapatos, en el centro comercial “Mi viejo mercado”. Como en trailer de una película romántica, la joven venezolana se tropezó, literalmente, con el amor de su vida.

 

El minúsculo choque de hombros con el colombiano Fernando Delgado Celi fue suficiente para echar a rodar una historia de amor binacional.

"La verdad me daba cosa, en esos tiempos se relacionaba mucho a la gente de Colombia con temas de inseguridad”, dijo Noguera. Con la llegada masiva de colombianos a Venezuela durante los años 90 e inicios de los 2000, la imagen de los ciudadanos colombianos no siempre fue la mejor. A pesar de la estigmatización que existía, Carmary se dio una oportunidad con el extranjero. 

 

Fernando Delgado Celi emigró a Venezuela en busca de una mejor vida en 2008. Con el objetivo de reencontrarse con su familia materna en el vecino país, abandonó su vida en Bucaramanga, Santander. Cruzando la frontera en Cúcuta, llegó a Valencia, estado de Carabobo. Allí, él y su primo, Alfredo Vega, establecieron un local de zapatos llamado Flex. 

 

Pero no solo fue el trabajo lo que ató a Fernando a Venezuela, también fue el amor. Después de ocho meses de conocer a Carmary Nazaret Noguera Méndez, se convirtió en su novio.  Para ella, educadora de profesión, su principal atracción fue“ver un hombre tan trabajador, siempre pensando en abrir sus negocios, en que siempre iba a salir adelante”

 

Carmary y Fernando se conocieron en Venezuela en el año 2010, ambos trabajanban en un tienda de ropa.Actualmente viven en Bucaramanga.

 

En 2013 decidieron formarse oficialmente como pareja y vivir juntos. Trabajando codo a codo,  lograron abrir cuatro locales de zapatos en la ciudad de Valencia. Además de tener casa propia y un auto, en 2014 nació su primer hijo: Jesús Noguera. Sin embargo, sus sueños y esperanzas de vivir en Venezuela se vieron frustrados por la enorme crisis que sufrió el país.

 

“Desde la muerte de Hugo Chávez y la llegada de Nicolás Maduro, las cosas fueron a peor”, dice Carmary quien recuerda las largas filas que debía hacer para poder comprar pañales para su hijo Jesús. 

 

Las dudas de salir de Venezuela crecían al mismo ritmo que la inflación en la Venezuela de Nicolás Maduro. El deseo de una mejor vida los impulsó a vender sus cosas, llevar sus maletas y subir a un bus para ir a la frontera colombo-venezolana en Cúcuta, Norte de Santander, en 2016. “Tuve que cerrar todos los locales que tenía allá, le pedimos a alguien que cuidara nuestra casa de vez en cuando”, recuerda el bumangués. 

 

La historia de ambos se convirtió en la de muchos migrantes venezolanos y colombianos retornados que llegan a Colombia desde el inicio de la crisis migratoria en 2015.  “Muchos dirán que lo que nos sucedió es trillado, pero una vez que lo vives te cambia”, dijo Carmary. 

 

Fernando regresó a Bucaramanga junto con su esposa y sus hijos, Jesús y Matías. Luego de estar ocho años en el país vecino, el bumangués y su familia recibidos por uno de los hermanos de Fernando. “Dejamos todo en Venezuela, tomamos unas maletas y nos fuimos, llegamos a vivir a un cuarto”, comentó él.

 


«Cuando conocí bien a Fernando me dije que era nada que ver con las cosas que dicen, empecé a ver el lado positivo de Colombia a través de él» 

Carmary Noguera, esposa de Fernando.


 

A pesar de iniciar de cero, la experiencia de ambos les permitió abrir un nuevo local de zapatos llamado Gema, en el Centro Comercial Panamá, ubicado en la capital santandereana. Desde su llegada, Carmary ha tenido que vivir en Colombia lo que Fernando vivió en Venezuela.

 

"Acá sucede como pasó con los colombianos en Venezuela, ya hay tantos venezolanos que hay algunas personas que le da miedo", dice ella y añade que son muchos los mitos que nacen cuando suceden estos procesos migratorios, y que es necesario conocer en vez de juzgar. Para esta mujer de 27 años, lo que más admira de los colombianos es: la capacidad de trabajo, su calidez y amabilidad.  

 

Fernando no podría estar más agradecido por lo que vivió en el vecino país, y añade que él se enamoró de Venezuela como Carmary lo hace de Colombia. Este bumangués ha sido testigo de cómo su esposa “se ha adaptado bien a Colombia y ha hecho muchas amistades”. Mientras su esposa cuida de los niños y administra las redes sociales de su local, él atiende a los clientes y las ventas. 

 

La pareja tiene como prioridad dar un buen futuro a sus hijos: Jesús y Matías. Planean abrir otro local de zapatos, pero para Carmary y Fernando lo más importante es “estar juntos y apoyándonos entre nosotros”.

 






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