Un proyecto de:


Un mural y un sancocho integraron a refugiadas venezolanas en Mosquera

Un mural y un sancocho integraron a refugiadas venezolanas en Mosquera

Inicialmente el enfoque de este proyecto estaba pensado para mujeres pero, en vista de que algunas de ellas llegaban a los talleres con sus hijos, también se ha organizado espacios para ellos. | Por: CORTESÍA CONSEJO NORUEGO PARA REFUGIADOS




Por: Nahomi Ruiz Moreno @Nahomiruizm

octubre 05 de 2021

 

 Un proyecto del Consejo Noruego para Refugiados promueve la inclusión social de mujeres y la disminución de xenofobia contra esta población en el barrio Porvenir Río, de este municipio de Cundinamarca.

 

Con sus pinceles en mano, y una actitud de empatía, 15 mujeres de nacionalidad venezolana se reunieron para pintar un mural que representa lo aprendido durante los talleres recibidos desde el mes de abril en el Centro Cultural de Oriente Refugiarte, del municipio Mosquera.

 

Este fue el cierre del primer ciclo del programa ‘Mujeres con Porvenir’ hace parte de una iniciativa del Consejo Noruego para Refugiados, organización humanitaria  no gubernamental que responde a las necesidades y derechos de personas desplazadas y refugiadas con un enfoque de acceso a derechos.

 

Con la crisis que se empezó a agudizar en  la frontera entre Cúcuta y Venezuela en el año 2015, esta organización  inició los procesos de atención a las personas venezolanas afectadas y a las personas colombianas que retornaban al país. “Este trabajo lo empezamos a realizar con dos frentes de trabajo: la población que está en condición de tránsito (son aquellos que atraviesan el país con dirección a otro destino) y la población que se empezó a alojar en Colombia”, indicó  la gerente de la unidad, Ingrid Camelo.

 

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La cátedra de paz comunitaria está articulada al proyecto e involucra a los jóvenes que están prestando servicio social con las labores artísticas del centro cultural. 

 

La actividad se realizó en una antigua escuela del municipio que había quedado en desuso. Y fue ahí donde empezó la labor social del Consejo Noruego para Refugiados.  En una obra que duró tres meses, adecuaron cinco salones y crearon el espacio que está dedicado a la expresión artística de la comunidad. 

 

Pintoresco y espacioso. Esa es la impresión que da a simple vista el Centro Cultural de Oriente Refugiarte. Los miembros del Consejo Noruego empezaron a acondicionar el lugar. Ya sus roles estaban definidos para tener todo listo a las 8:00 de la mañana del 24 de septiembre. Unos estaban a  cargo de encender el fuego en que se prepararía el sancocho. Otros, se colocaron en un sitio visible para atender a las mujeres: darles información y registrar sus datos. Cada uno se dispuso a tener todo listo para el recibimiento, con  pinturas, mesa de alimentos, toma de fotografías.

 

Una a una, fueron llegando y la relación que se ha consolidado entre ellas ha traspasado las instalaciones de este refugio de arte. Para algunas, se ha convertido en una amistad de esas que se crean a partir de la identificación de la otra como un par, como alguien con quien se tienen cosas en común. Los recuerdos de su infancia, las costumbres aprendidas, la cotidianidad, su dialecto, acento, gustos, en fin: Venezuela. 

 

Ella es una de las mujeres asistentes y hace parte del grupo base de Mujeres por Porvenir:

 

 

 

El trabajo con estas mujeres refugiadas y migrantes empezó en el mes de abril,. La mesa de género de Porvenir en la cual participa el Consejo Noruego para Refugiados, la dirección de mujer de la alcaldía municipal de Mosquera, la secretaría de cultura y la dirección de participación comunitaria dieron vía libre al proyecto en el que se les ofrece integración comunitaria y se les orienta para que ellas puedan reconocer sus propios liderazgos y que sea este un lugar de espacio seguro.

 

Hay cuatro ejes de trabajo: el de educación ambiental, conformación y formación de liderazgos, prevención de violencias basadas en género y promoción del autocuidado para las mujeres. A través de estos ámbitos han hecho distintos talleres prácticos desde el arte como tejido, bordado y fotografía.

 

Lo que pasó  ese día fue la muestra de los resultados obtenidos durante los meses de trabajo en el barrio.Lo que vamos a hacer el día de hoy es hacer una experiencia piloto de cómo podemos visibilizar lo que se hace aquí. Exteriorizar el trabajo y que los transeúntes que pasan, comiencen a conocer este espacio”, aseguró David Villamizar, el asistente técnico de protección del Consejo Noruego para Refugiados. 

 

Los niños fueron dirigidos a las actividades planeadas por la alcaldía municipal. Había colores, pinturas y juegos que, hábilmente, tenían mensajes positivos de manera implícita.

 

Los dibujos que los niños pintaban estaban relacionados con la familia, al respeto por el otro y por ellos mismo como lo sujetos de derechos que son. Cada actividad estuvo planteada de manera que,  a través del juego, ellos se llevaran un mensaje.


Simultáneamente, sus madres, reunidas de manera simbólica en un círculo, tuvieron una charla. “Desde el principio ellas estuvieron muy interesadas en participar porque la situación, a nivel de bienestar, para las familias provenientes de Venezuela aquí es difícil. Algunas están supeditadas a sobrevivir, a conseguir lo del diario, no hay regularización migratoria, hay insuficiencia económica, alimentaria. Pero aún así, estas familias buscan lugares para compartir en comunidad”, cuenta Villamizar, quien ha sido el puente entre el Consejo Noruego y la comunidad. 

 

Posterior a su reunión y muy animadas, las refugiadas se dirigieron a la mesa en la que se habían dispuesto los alimentos: verduras, proteína y muchos condimentos. Esta fue una preparación con la auténtica sazón venezolana. Una vez estuvo todo listo, fue llevado a la olla caliente. 

 

 

Algunas de estas mujeres ya se conformaron como un grupo base y hay otras que, por el rol que tienen dentro de su familia de cuidar a sus hijos, no pueden asistir con total regularidad pero que sí están interesadas en participar y se acercan a los encuentros cada vez que pueden.  

 

Reconocerse a sí mismas y ponerle nombre a las situaciones que viven les ha permitido estar alerta ante alguna posible situación de riesgo. “Aprendemos de ellas todo el tiempo. Nos sorprende  la sabiduría que tienen. Puede que ellas no estuvieran relacionadas a los términos de las cosas como violencia de género, xenofobia, cosificación de la mujer. Pero sí lo han experimentado”, contó Danna López, psicóloga que hace parte de la dirección de mujer, familia y poblaciones vulnerables de Mosquera. 

 

Mientras el sancocho estaba listo, el mural fue el protagonista. El sitio elegido para pintar esa obra fue el más grande que da al exterior del centro cultural. Para que cada persona que pase por esa calle pueda verlo y se logre el objetivo de esta actividad: visibilizar lo que por meses han logrado, que el resto de habitantes sepa que en esa antigua escuela hoy hay un lugar seguro, de integración y cultura. 

 

 

 

Entre risas, cada una puso su grano de arena para pintar el mural. Incluso los, los gestores culturales y el equipo del Consejo Noruego para Refugiados participaron. En esa pared se plasmaron algunos de los resultados de los talleres realizados. A la izquierda se observa a una de las mujeres en una actividad de fotografía, también se plasmó la actividad de tejido. A la derecha, hay una mujer y una súper heroína, porque así se vio a sí misma la hija de una de estas mujeres durante un taller. 

 

Y, pese a que no estaba planeado, terminaron pintando en el mural a David Villamizar, quien ha estado desde el principio involucrado en el proyecto y notablemente, se ha ganado la confianza y el cariño de estas mujeres refugiadas venezolanas. 

 

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Así concluyó el cierre de este ciclo que, se espera, sea el primero de muchos más con esta comunidad de Mosquera.






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