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"Somos miembros de una sola familia humana": monseñor Henao

"Es muy doloroso que un sector social se ha insensibilizado frente al drama que viven los migrantes venezolanos", dijo monseñor Henao. | Por: ESTEBAN VEGA




Por: Milagros Palomares @milapalomares

septiembre 10 de 2020

Monseñor Héctor Fabio Henao, director de la Pastoral Social, conversó con el Proyecto Migración Venezuela sobre el papel de la Iglesia en la atención de la crisis migratoria de venezolanos y el reto que tiene Colombia para incluir a esta población.

 

Proyecto Migración Venezuela: En varias oportunidades usted ha manifestado que la Iglesia hace un llamado a los Gobiernos a adoptar medidas para apoyar e integrar a la población migrante. ¿Cómo ve la respuesta institucional en Colombia en relación con el fenómeno migratorio, y qué falta por hacer?

Héctor Fabio Henao: La respuesta institucional es insuficiente, por la demanda tan alta de población migrante. Nosotros hacemos parte de  una coalición de organizaciones de la sociedad civil y la academia que desde hace varios meses ha venido estudiando el proyecto Ley de Política Migratoria Integral y hemos propuesto un decálogo con los 10 temas clave que debería tenerse en cuenta. Desde esa coalición consideramos que el proyecto requiere de importantes cambios para que pueda responder a los enormes desafíos que representa la gestión migratoria y la protección internacional de personas refugiadas y apátridas; pedimos que se incorpore un enfoque de derechos humanos y resulte ajustado con los mandatos constitucionales y los estándares internacionales en la materia.

Hacemos un llamado a una reflexión pausada del texto del proyecto, en la que participen de manera activa todos los sectores involucrados y se escuche a las personas migrantes, refugiadas y retornadas. Se debe tener en cuenta que la ley es un marco integral que no debe limitarse a la migración desde Venezuela sino tener en cuenta las distintas poblaciones, como por ejemplo las personas en tránsito entrando por Rumichaca y saliendo por la selva del Darién, además de los y las colombianas en el exterior o población transfronteriza. No podemos olvidar que tenemos otras fronteras.

PMV: La Ley de Política Migratoria Integral será la hoja de ruta para atender este fenómeno en el país. ¿Qué espera  contenga este instrumento legal?

H.F.H.: Para Colombia es insuficiente una ley que simplemente suba a rango con instrumentos que ya hoy funcionan a través de actos administrativos dispersos y fragmentarios. El país requiere una ley que dote a las autoridades de los instrumentos necesarios de gestión, pero bajo un marco de acción integral, claro y definido: esa es la razón de ser de una ley migratoria y de protección internacional. El articulado del proyecto de ley 036, tal y como está formulado, no suple estas características, razón por la cual si no tiene cambios sustanciales y no incorpora los mínimos de derechos humanos que advertimos, no debe ser aprobado. 

Animamos a los congresistas a promover una reflexión amplia, plural y robusta alrededor de este proyecto, que dé lugar a una modificación para que se incorpore un enfoque de derechos y se corrijan sus disposiciones inconstitucionales.

PMV: Los migrantes y refugiados venezolanos, tal como en los tiempos de Herodes, son obligados a huir de su país para salvarse. ¿Qué está haciendo la Iglesia colombiana para aliviar el padecimiento de estas personas?

H.F.H.: Los migrantes venezolanos se enfrentan en el país a diversas situaciones de vulnerabilidad: condición migratoria irregular, falta de acceso a oportunidades de trabajo, falta de garantías para acceso equitativo a salud y educación, dificultades en el acceso a una vivienda digna, riesgos de protección para niños, niñas, adolescentes y mujeres; además de manifestaciones de xenofobia y discriminación.

Desde la Iglesia les damos acompañamiento en varias líneas de apoyo con entrega de kits de aseo personal, apoyo jurídico, psicosocial y  ayudas humanitarias. La Pastoral Social trabaja de la mano con organizaciones gubernamentales y no gubernamentales para dar una respuesta integral a esta población.  Tenemos participacion en el Grupo Interagencial de Flujos Migratorios Mixtos (GIFMM), ayudamos a formular e implementar iniciativas de proyectos productivos para los migrantes o refugiados. Además hemos hecho incidencia en la ley migratoria, con la propuesta del decálogo y observaciones al proyecto.

 

PMV: El Papa Francisco ha dicho que en el rostro de los migrantes vemos a Jesús, pero pareciera que la gente no se sensibiliza cuando ve a los migrantes venezolanos en el país. ¿Qué opina de esta situación?

H.F.H.: Es muy doloroso el hecho de que un sector social se ha insensibilizado frente al drama que viven los migrantes venezolanos, que en muchos casos han sido forzados a abandonar su país, su familia, entorno y redes de relaciones. Esta es una tentación permanente. A veces es fácil ampararse en prejuicios o en generalizaciones de hechos negativos para no descubrir el rostro humano y encarar la historia de sufrimiento que hay en cada caso.

Ciertamente ha habido historias dolorosas y actitudes inaceptables de migrantes, pero ello no debe ser tomado como el motivo para estigmatizarlos a todos. Hay numerosos imaginarios que tienden a culpar a quienes vienen de otros países, especialmente si son pobres, de todos los males de la sociedad. Incluso, cuando el migrante es víctima de hechos violentos se tiende a culpabilizarlo y a señalarlo como responsable de su propio drama.

En ese sentido, el Papa advierte que no somos capaces de identificar al Cristo que camina entre nosotros. Discriminación, marginación y explotación son expresiones de esta dramática situación. En días recientes tuve la oportunidad de encontrar un grupo de personas provenientes de Venezuela, en condiciones de pobreza extrema, que me narraban todas las formas que existen de explotación laboral y de sometimiento con la amenaza de delatarlos ante las autoridades de crímenes no cometidos si no aceptaban condiciones inhumanas. Al lado he descubierto tantas organizaciones, personas, grupos comunitarios que ejercen la verdadera acogida, la solidaridad y que se esfuerzan por avanzar en la inclusión de estos hermanos y hermanas, los cuales son un valioso testimonio de lo que es el alma colombiana: abierta y acogedora.


PMV: A raíz de la pandemia, desde mediados del mes de marzo fue cerrada la Casa de Paso Divina Providencia, que brindaba comida caliente a casi cinco mil migrantes al día en el sector La Parada, en Cúcuta. ¿Qué alternativas han adoptado para seguir alimentando a estas personas y cuándo estiman abrir de nuevo estas instalaciones?

H.F.H.: Se ha seguido apoyando con la entrega de alimentos no preparados y adicional a esto varias organizaciones y programas han seguido brindando las ayudas humanitarias.

 


«Hemos construido un plan que se denomina 'puentes de solidaridad' y que también se centra en acompañar el viaje. La idea de acompañamiento nos pone en camino a todos, nos lleva a colocarnos en los zapatos de los que migran» 

Monseñor Héctor Fabio Henao


 

 

PMV: En el mes de febrero, obispos de Venezuela y Colombia se reunieron en la Diócesis de Cúcuta atendiendo un llamado del Sumo Pontífice para trabajar en favor de la migración venezolana. ¿Cómo ha sido ese intercambio de información y a qué acuerdos llegaron para realizar acciones humanitarias en frontera?

H.F.H.: Ha sido muy enriquecedor el diálogo entre las Conferencias Episcopales y sus organismos caritativos de Venezuela, dado que estamos ante una crisis humanitaria regional. En varias ocasiones hemos estado delante de crisis humanitarias regionales, tal vez la que más recordamos se originó con las guerras en Centro América, pero también el desplazamiento forzado en Colombia tuvo y tiene un impacto regional importante.
 

Es un aprendizaje muy rico caracterizado por la dimensión profundamente humana que representa esta situación. Hemos construido un plan que se denomina “puentes de solidaridad” y que también se centra en “acompañar el viaje”. La idea de acompañamiento nos pone en camino a todos, nos lleva a colocarnos en los zapatos de los que migran. Hemos encontrado personas como una familia que encontré cerca de la terminal de transporte en Bogotá con los pies heridos y los zapatos deshechos por las extenuantes jornadas. Ellos, con los pies sangrantes, tanto de los adultos como de los niños, me hacían pensar en la sangre derramada a lo largo del camino por tantas personas. Sabemos que la Iglesia sola no puede resolver esta crisis humanitaria y por ello hemos perfilado mejor nuestra intervención.

 

PMV: ¿Cómo ve la situación humanitaria de Venezuela?

H.F.H.: Es muy difícil desde afuera dar juicios sobre una situación tan compleja como la que vive Venezuela. Lo que nos transmiten, tanto los que vienen de Venezuela como los que retornan con las esperanzas y las ilusiones destrozadas después de caminar centenares de kilómetros, es el llamado a elevar el sentido de humanidad.

Hay un clamor para que todos nos sintamos miembros de una sola familia humana. Los caminantes venezolanos nos recuerdan que es un continente el que camina con muchas incertidumbres hoy. Este continente tiene ahora múltiples situaciones humanitarias agravadas por la pandemia y el aislamiento. Tendremos que pensarnos más en clave regional, más en clave de miembros de una sola familia humana porque todos vamos a requerir una estrategia compartida. La pandemia nos ha enseñado que para salir adelante dependemos de los demás.

 

PMV: ¿De qué forma buscan llegar a sus feligreses para combatir la xenofobia que viene creciendo en el país?

H.F.H.: Nuestro trabajo se enfoca en apoyar a los pobres y a los más necesitados. No excluimos a nadie. Hemos desarrollado campañas e igualmente nuestros programas no excluyen la atenciones de los migrantes. Todos somos parte de la comunidad e importnates en este contexto.

 






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