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¿En qué trabajan los venezolanos que llegan a Colombia?

¿En qué trabajan los venezolanos que llegan a Colombia?

72.088 venezolanos viven de la agricultura, la pesca, la ganadería y la caza en Colombia | Por: POR: MARIANA TORO| SEMANA




Por: Debbie Gámez

septiembre 23 de 2021

Los migrantes que llegan al país con un destino incierto buscan diferentes maneras de ubicarse laboralmente, aunque no sea en el oficio o profesión que han desempeñado.

 

¿Qué hacer cuando no se tiene un trabajo y hay necesidad? Esta es la pregunta que cientos de personas se hacen a diario y que, probablemente, al menos el 16,1% de la población venezolana en Colombia —el porcentaje de desempleados migrantes según cifras del Dane— se repite en busca de una solución. 

 

Para algunos la salida es emprender, otros prefieren incursionar en campos diferentes a su antiguo oficio o profesión y hay quienes aprenden un nuevo arte, pero quedarse sin una ocupación que dé el sustento no parece ser una opción.

 

Simón Peña es un administrador de empresas venezolano que llegó a Bogotá en 2017, y aunque ya contaba con una visa de trabajo desde el 2010, duró nueve meses en busca de una oportunidad laboral. En ese tiempo solo tuvo una entrevista, a pesar de tener 15 años de experiencia en su profesión. 

 

Mientras tanto, trabajó como conductor y haciendo pequeños negocios con sus vecinos. “Tener una visa o PEP (Permiso Especial de Permanencia) no sirve para nada”, asegura Peña refiriéndose a que, en su experiencia, un documento no ha hecho la diferencia en la carrera  por ubicarse en el mercado laboral formal. 

 

Y las cifras así lo demuestran. A pesar de que actualmente casi la mitad de los dos millones de venezolanos que están en el país se encuentran en condición migratoria regular, es decir, tienen un documento que les permitiría ser contratados en el país, cerca del 90 por ciento de esta población están hoy en la informalidad laboral. Conseguir un empleo formal para un venezolano resulta casi imposible. 

 

Fue hasta noviembre de 2019, después de tres intentos fallidos de empresa y un viaje a Chile que Simón encontró una idea de negocio al trabajar la madera MDF para construir mandalas, animales, cajas pequeñas, entre otras artesanías. Para formar su negocio tuvo que vender su casa en Venezuela. Con el dinero compró materia prima y la máquina para cortar.

 

Así entonces, a pesar de no tener ni idea de cómo crear nuevos diseños y con pocos conocimientos sobre la operación de la cortadora, se aventuró y nació Pangola. “La necesidad tiene cara de perro. O aprendes o tú verás”, reflexiona Simón. “Los límites te los pones tú mismo, si otro puede entonces ¿por qué yo no?”, continúa diciendo. 

 

En la actualidad, Pangola tiene dos sedes en la sabana de Cundinamarca y se espera que en 2022 se abra una nueva tienda en Cali, Valle del Cauca, a cargo de la hermana de Simón. “Tendrían que ofrecerme mucha plata para que yo deje mi empresa… no estoy dispuesto a sacrificar mi tiempo por todas las responsabilidades que tendría en otro trabajo con un sueldo bajo”, dice con mucho convencimiento.

 

Según cifras del Observatorio PMV, el 11,59% de la población venezolana ocupada en Colombia, lo que equivale a unas 88.467 personas, están en el sector manufacturero. Sin embargo, la gran mayoría de los trabajadores migrantes se encuentran en el sector de comercio y reparación de vehículos, que representa el 23,9%.

 

En segundo lugar está el alojamiento y los servicios de comida con un 16,08%. Seguido de ellos, con 98.384 personas que equivalen al 12,89%, se encuentran quienes realizan actividades artísticas, de entretenimiento y otros servicios.

 

Angelis Guerra, una mujer venezolana que llegó a Colombia desde enero de 2019 buscando un nuevo rumbo junto con su pareja, es una de las trabajadoras de este último sector. En Venezuela era la administradora de una tienda de calzado mientras cursaba el noveno semestre de su carrera en recursos humanos, pero al ver que la situación de su país no avanzaba decidió dejarlo todo y mudarse con su pareja. “La verdad no teníamos pensado quedarnos tanto tiempo", afirma sobre su estancia en Colombia. 

 

A pesar de haber tenido unos estudios avanzados, Angelis no tiene ninguna certificación de su universidad lo que le impidió conseguir un trabajo en recursos humanos. Por eso, al ver las puertas cerradas en su campo profesional, aprendió a perfilar cejas, la técnica de poner pestañas postizas y hacer manicure. "Me puse a hacer cursos de todo pues ya había pasado por mucho trabajo”, dice Guerra, que buscaba trabajar por su cuenta.

 

De las ocupaciones que tienen los migrantes venezolanos cuando llegan al país, una de las principales es la construcción, que representa el 10,16%, y le sigue la agricultura, la pesca, la ganadería y la caza con el 9,45% de la población empleada

 

Luis Alfredo Guillermo ha hecho parte de estos dos grupos. Hace tres años que llegó al país luego de que los cortes de electricidad le impidieron continuar trabajando. Desde el municipio de San Francisco, en el estado Zulia, arrancó para la tierra de su madre y llegó al Urabá antioqueño, a la casa de su hermana. Fue entonces cuando comenzó a trabajar en las fincas bananeras durante siete meses.

 

Después de este tiempo, Alfredo se mudó a donde su madre, al departamento de Sucre en el Norte de Colombia. Desde ahí se encontró con un maestro de obra también venezolano y comenzó a aprender sobre la construcción. 

 

Hace mes y medio llegó a Bogotá, donde tiene dos hermanos más. “Yo tengo mi hermana aquí, le dije que me quería venir para acá porque allá donde estaba, en Sucre, no me estaba gustando porque no hay  muchas oportunidades de empleo”, afirma Alfredo y continúa contando que su primer trabajo en la capital fue sembrar y recoger papa, hasta que su hermano le ayudó a entrar como obrero a una construcción. 

 

Lo claro es que para los venezolanos el mercado laboral no está fácil en Colombia. Son la población más dispuesta a trabajar, según las estadísticas del Dane, pero las condiciones los tienen en su mayoría en la informalidad o en el desempleo. Y muchos, por supuesto, han tenido que enfrentarse a labores diferentes de sus estudios y experiencia, pero han demostrado hacerlo con ganas. Su integración no estará completa hasta que sus posibilidades laborales mejoren y en esto todos los sectores de la sociedad tienen una responsabilidad, como la que han mostrado Simón, Angelis y Luis Alfredo. 

 






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