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Maicao le abrió las puertas a 103 migrantes emprendedores

Maicao le abrió las puertas a 103 migrantes emprendedores

Representantes de la Corporación Organización El Minuto de Dios entregaron certificados a los emprendedores. | Por: ANTONY DURÁN




Por: Milagros Palomares @milapalomares

febrero 17 de 2020

Mariannys Marín teje tan rápido que sus dedos se desdibujan entre el hilo y la aguja. La mochila wayuu cogió forma en menos de dos horas. Tan pronto estuvo lista, la exhibió al público en la Feria Empresarial Integrando Sueños y Emprendimientos, organizada en Maicao por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) Colombia con apoyo de la ONG AcdiVoca y la Corporación Organización El Minuto de Dios.

Mariannys, quien migró hace tres años desde la ciudad de Barquisimeto, aprendió a tejer como las propias mujeres wayuu en menos de un mes. A la zona fronteriza de Maicao llegó buscando mejor calidad de vida para sus tres niñas. Trabajó un tiempo como manicurista en el centro de la ciudad y se casó hace un año con un indígena wayuu que le enseñó este oficio. Ahora teje desde su casa y les surte mochilas a los almacenes de Maicao.

 

Así como ella, más de 100 personas, entre migrantes venezolanos, colombianos retornados y desplazados, se han beneficiado con este proyecto de integración laboral que ejecuta la Corporación Organización El Minuto de Dios en esta zona fronteriza.

La emprendedora colombiana Rosa Elena Rosis, de 37 años, saltó de felicidad cuando vio su foto en una pancarta que colgaron en la Casa de la Cultura, donde se desarrolló el evento el pasado 15 de febrero.

En la pared se leía la frase "Reconociendo mi historia, transformando mi realidad" y allí estaba Rosa Elena, sentada frente a su máquina de coser con la que empezó a confeccionar vestidos para niñas hace un poco más de un año.


"Aquí en Maicao es donde Dios me ha bendecido", dice sonriente sobre este nuevo comienzo que le ayudó a olvidar los vestigios del desplazamiento forzado por el cual huyó hace 12 años a Bogotá desde su natal Santa Marta.

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Mariannys Marín, de 28 años, es venezolana y aprendió a tejer mochilas wayuu en menos de un mes.  ©Milagros Palomares.

Producción orgánica

Los esposos Mari Castillo y Yurgen González sostienen una pequeña cartelera en la que muestran gráficamente las diferencias entre la producción de un pollo industrial y uno producido orgánicamente.

Debajo de ella hay una jaula con pollitos de engorde de su productora avícola El Sabor Criollo, que iniciaron en un pequeño galpón en el patio de la casa que arrendaron en Maicao después de migrar hace 20 meses desde Maracaibo. Ambos decidieron iniciar una nueva vida en esta zona por el bienestar de su hijo Samuel, que hoy tiene tres años.

El emprendimiento avícola ha tenido tanta receptividad con la venta de pollos orgánicos a domicilio que trabajan por concretar el sueño de abrir un local en el centro de Maicao. La diferencia en la producción es que no usan ningún tipo de químicos ni aditivos para engordar a los pollos. Solo los alimentan con maíz, sorgo, cebada, soya y cáscaras de verduras. Y para protegerlos de las gripes, les dan un antibiótico natural de cebolla morada licuada con ajo, una preparación que Yurgen aprendió de sus padres, dos campesinos que tenían una pequeña finca en el municipio La Cañada de Urdaneta, en el estado de Zulia.

 

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Los emprendedores venezolanos Yurgen y Mari apuestan por la producción orgánica de pollos, en la localidad de Maicao. @Milagros Palomares


En las grandes industrias sacan el pollo al mercado a los 35 días. En cambio, estos emprendedores venezolanos siguen un proceso natural que tarda alrededor de 60 días. "A nuestros clientes les gusta mucho. Lo prefieren porque es más sano y nos dicen que sabe mejor", asegura Mari.

Yurgen es mecánico en refrigeración y Mari una docente de bachillerato que no ha podido ejercer por los costos que implica legalizar un título venezolano en Colombia. Los dos aprendieron que cuando las circunstancias de vida cambian bruscamente, adaptarse con paciencia es la mejor fórmula para superarlo, y por eso no se quedaron de brazos cruzados. 
 

Forjando el futuro a toda máquina

Ese mismo optimismo lo mantiene Danis Angulo, una costeña de 36 años, cuando habla de su proyecto de confección de ropa para mujeres, un “arte” al que cada día le coge más amor. "Estamos aquí por querer ser, por una inspiración, por pensar en un futuro mejor", dice mientras muestra las prendas a los asistentes a la feria.

Danis venció el temor de emprender frente a la máquina de coser. Admite que aprendió desde cero, dañó telas, lo intentó muchas veces y se dejó guiar por Aida Luz, su mentora en este oficio. Aplaude que organizaciones internacionales los respalden para surgir, sobre todo a los han padecido las secuelas del conflicto armado como ella. "Aquí estamos soñando y reconstruyendo nuestras vidas", sentencia.
 


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Mantas, camisones y vestidos para dama confecciona Danis Angulo, quien se encuentra a la derecha en la foto.  © Antony Durán. 






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